888 votos de diferencia y L11 mil millones de deuda: así comenzó Juan Diego Zelaya a gobernar la capital

888 votos de diferencia y L11 mil millones de deuda: así comenzó Juan Diego Zelaya a gobernar la capital

El 25 de enero de 2026, Juan Diego Zelaya Aguilar llegó al Museo para la Identidad Nacional a las 7:00 de la mañana, hizo sonar el campanazo de proclamación, recibió la banda municipal de manos de su esposa y pronunció la frase que resumió el tono de lo que viene: «Hoy no inicia un gobierno perfecto, inicia un gobierno comprometido.» Con esas palabras arrancó la administración de quien ganó la alcaldía del Distrito Central por el margen más estrecho en la historia reciente de Tegucigalpa.

Una victoria que nadie puede llamar holgada

Zelaya fue declarado ganador con 164,465 votos, derrotando a su principal opositor —el aspirante a la reelección Jorge Aldana— quien obtuvo 163,577. Cinco de las 2,441 actas no fueron contadas. La diferencia fue de 888 votos, y Aldana no la aceptó. Hasta tres días antes de la transición, el entonces alcalde reiteró que no entregaría el cargo mientras no se realizara un reconteo, y en su último cabildo abierto llamó directamente a los magistrados de la Corte Suprema a no avalar lo que consideraba un fraude. Simpatizantes de Libre protestaron durante 42 días frente al CNE. No lograron detener nada.

El Consejo Nacional Electoral ratificó a Zelaya. La Corte no intervino. Y el 25 de enero, el Distrito Central tuvo un nuevo alcalde, el primero del Partido Nacional desde que Nasry Asfura dejó el cargo en 2022.

El MIN como escenario: una señal antes de abrir la boca

Según expresó días antes el propio edil, la decisión de tomar posesión en el Museo para la Identidad Nacional y no en las instalaciones de la Alcaldía responde al valor histórico y cultural del espacio, al ser un lugar que refleja la identidad y la memoria colectiva del país. La ceremonia fue breve y protocolaria: juramentación, banda, bastón de mando, juramentación del vicealcalde y los regidores. Sin ostentación, siguiendo el ejemplo que Asfura marcó también para su propia toma de posesión presidencial dos días después.

Entre los presentes estuvieron el presidente electo Nasry Asfura, el titular del Congreso Nacional Tomás Zambrano, el jefe del Estado Mayor Conjunto general Héctor Valerio, la presidenta del COHEP Anabel Gallardo y el presidente de la CCIT Daniel Fortín. También aparecieron rostros que llevaban cuatro años fuera del ojo público: el expresidente del Congreso Mauricio Oliva, quien aseguró haberse dedicado a sus nietos; el expresidente Porfirio Lobo Sosa, que dijo estar en modo consejero político; y el exalcalde Ricardo Álvarez, quien aprovechó para pedir una sola cosa: ser durante una semana el chofer del Trans-450 cuando por fin circule por Tegucigalpa. El regreso del nacionalismo a la Alcaldía convocó a sus fantasmas.

El diagnóstico que Zelaya heredó: una ciudad endeudada y paralizada

En su discurso, Zelaya fue directo: el principal problema de la Alcaldía son los L11,000 millones de deuda que mantienen proyectos paralizados, entre ellos la represa San José, el túnel de La Florencia, el bulevar Suyapa y las viviendas para las familias afectadas de la colonia Guillén. La deuda no es solo un número contable: es la razón por la que grúas se detuvieron, contratos se vencieron y obras quedaron a medias en una ciudad que tiene la geografía más complicada de Centroamérica.

La represa San José es el caso más dramático. Abandonada desde noviembre de 2024 por incumplimientos de pago de la Alcaldía anterior, lleva más de un año paralizada, pero su conclusión es fundamental para mitigar la crisis de agua que enfrenta el Distrito Central. A esa obra se suman el reservorio del Hatillo, proyectos del río del Hombre, el mercado San Isidro y decenas de obras de bacheo y rehabilitación de calles en barrios y colonias que la gestión Aldana inició pero no concluyó.

Para Zelaya, el primer paso es poner la casa en orden: una revisión profunda de la planilla, eficientar el uso de recursos y recuperar la estabilidad financiera que permita reactivar la confianza de la banca nacional, internacional y los organismos multilaterales. Sin esa plataforma, ninguna obra es viable.

El caos vial: la promesa con fecha y el contrato que no admite excusas

El problema más visible de Tegucigalpa, el que cualquier capitalino puede describir con cinco palabras, es el tráfico. Zelaya fue categórico desde su discurso: «Los problemas de esta ciudad no tienen color político; nos afectan a todos por igual. Tenemos que poner orden en el tráfico y avanzar en un sistema de transporte público limpio, seguro, eficiente y a un costo razonable.»

Pero Zelaya no se quedó en el diagnóstico. Durante la campaña, firmó lo que llamó un «contrato con la ciudadanía» en el que se compromete a que en 27 meses el sistema de transporte público estará funcionando, integrando el Trans-450 y un teleférico. Su promesa fue: «Si en 27 meses yo no lo pongo a funcionar como alcalde, yo renuncio.» Es la apuesta más arriesgada de su mandato. El Trans-450 tiene una historia que Tegucigalpa conoce de memoria: el proyecto fue concebido en 2010, contó con financiamiento del BID y el BCIE por 51 millones de dólares, se construyó infraestructura en bulevares estratégicos como el Centroamérica y el Kennedy, y luego fue abandonado durante las administraciones siguientes, incluyendo la del propio Asfura y la de Aldana. Zelaya fue vicealcalde cuando el proyecto nació. Ahora es el alcalde al que le toca resucitarlo o pagar con su cargo el intento fallido.

La propuesta de movilidad es más ambiciosa que solo el Trans-450. Zelaya se inspira en el modelo de Medellín —una ciudad con topografía similar a la de Tegucigalpa— para construir una ciudad multimodal, con bus de tránsito rápido, teleférico y digitalización completa de permisos de construcción y operación en los primeros seis meses.

Las primeras acciones: escoba, pala y alianzas multilaterales

Zelaya no esperó ni 24 horas para aparecer en las calles. En sus primeros cuatro días de gestión impulsó jornadas de limpieza en varios puntos de Tegucigalpa y Comayagüela, reactivó proyectos paralizados y coordinó con la Iglesia Católica para los dispositivos de la romería a la Basílica de Suyapa. La imagen del alcalde en el anillo periférico supervisando la remoción de basura acumulada fue la primera fotografía de su gestión que circuló en redes sociales.

Paralelamente, el alcalde viajó a Panamá para participar en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe de la CAF, donde se reunió con el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán. El resultado fue concreto: Tegucigalpa se convirtió en la primera ciudad de América Latina en tener una estrategia de ciudad con la CAF, enfocada en agua y saneamiento, infraestructura vial y recuperación del centro histórico. La Alcaldía obtuvo un millón de dólares no reembolsables para preinversión y un compromiso inicial de 100 millones de dólares, equivalentes a unos L2,600 millones. Los fondos aún dependen de procesos administrativos entre la CAF, la Municipalidad y el Gobierno central, pero la palanca está puesta.

El agua: la promesa más honesta

En un país donde los políticos prometen agua y la capital lleva décadas con cortes, Zelaya optó por el único camino que preserva la credibilidad: no prometer lo que no puede dar en el corto plazo. «No les prometo agua para hoy, pero sí las obras que traerán agua mañana», afirmó, refiriéndose a la construcción de represas, protección de cuencas y saneamiento en coordinación con el Gobierno central. Es la promesa más honesta que un alcalde capitalino ha hecho en mucho tiempo. Y también la más difícil de sostener cuando las lluvias no lleguen y los tanques estén vacíos.

Tegucigalpa como laboratorio del cambio

Juan Diego Zelaya tiene 50 años, formación empresarial de la Universidad Loyola de Nueva Orleans, experiencia como vicealcalde (2009-2014), diputado al Congreso (2013) y cónsul general en Nueva York (2018). Durante su infancia alternó entre Tegucigalpa, Canadá y Estados Unidos, lo que le dio una perspectiva internacional antes de consolidar su actividad en alimentos y bebidas, bienes raíces e importaciones en Centroamérica, España y Estados Unidos. Es, en esencia, el perfil que Tegucigalpa ha buscado en un alcalde durante años: alguien que conoce la ciudad por dentro y tiene contactos afuera.

El problema es que Tegucigalpa no necesita solo un buen perfil. Necesita ejecutores que resuelvan L11,000 millones de deuda, pongan a funcionar obras paralizadas por años, ordenen el tráfico más caótico de Centroamérica y lleven agua a colonias que la esperan desde siempre. Zelaya tiene el mandato, tiene el momento político y tiene los aliados en Casa Presidencial.