El informe 2023 sobre libertad religiosa en Venezuela del Departamento de Estado de Estados Unidos refleja un incremento de acciones de censura y hostigamiento hacia iglesias y líderes religiosos. Pastores y sacerdotes que denunciaron violaciones de derechos humanos enfrentaron amenazas directas y campañas de desprestigio, generando un clima de autocensura en varias congregaciones.
El documento describe también la presión sobre emisoras religiosas y programas de radio de iglesias independientes, así como la cancelación de actividades sociales y educativas. El registro obligatorio de iglesias y ministros permitió supervisión estatal de propiedades y actividades, situación que algunas congregaciones interpretaron como un intento de control sobre su independencia.
La estigmatización pública fue otro mecanismo documentado: dirigentes críticos fueron señalados como “enemigos” en medios oficiales y en redes sociales, mientras algunos procedimientos legales se basaron en leyes amplias contra el “odio”. Comunidades judías y musulmanas reportaron un aumento de discursos discriminatorios, afectando la libertad para celebrar ritos religiosos y organizar actividades espirituales.
Estas evidencias muestran un patrón en el que la práctica de la fe se mantiene formalmente, pero se condiciona a la alineación política de los líderes y congregaciones. La combinación entre políticas sociales y registro estatal ha generado presiones para ajustar mensajes y programas a la narrativa oficial, restringiendo la autonomía institucional de las iglesias.
El informe subraya la importancia de proteger la independencia de las comunidades religiosas, garantizar que sus líderes puedan actuar sin miedo y restablecer espacios de servicio comunitario que han sufrido limitaciones en el último año. Fortalecer estos mecanismos permitiría que las iglesias venezolanas cumplan su papel social y espiritual sin interferencias políticas.

