Cossette López: firme en la tormenta electoral

Cossette López: firme en la tormenta electoral

En medio del ruido político que envuelve a Honduras, hay figuras que, sin buscar protagonismo, se convierten en bastiones de estabilidad. Una de ellas es Cossette López Osorio, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) desde el 13 de septiembre de 2024. Su llegada a la silla principal del organismo no fue producto de imposiciones partidarias de último momento, sino del mecanismo institucional rotativo que, al menos en el papel, asegura el relevo ordenado en la conducción del árbitro electoral. Le corresponde dirigir el CNE hasta septiembre de 2025, para luego dar paso a Ana Paola Hall y, más adelante, a Marlon Ochoa.

Pero López no es solo la depositaria de un cargo: es la voz que, en momentos críticos, ha recordado que el país tiene una cita con las urnas y que el calendario electoral no se toca. Desde el Congreso Nacional, en una comparecencia ante una comisión, dejó claro que el 29 de mayo de 2025 se haría la convocatoria oficial a las elecciones generales. Y así fue: ese mismo día, el CNE publicó la resolución que ponía en marcha la cuenta regresiva hacia el 30 de noviembre de 2025, fecha en la que Honduras deberá decidir su futuro.

En tiempos donde el discurso político busca doblar las reglas, Cossette López se ha aferrado a la ley y al cronograma, consciente de que el verdadero árbitro no es quien grita más fuerte, sino quien garantiza que el partido se juegue hasta el final con las reglas claras. Su papel no es menor: está en la primera línea de un tablero donde Libre intenta ampliar su control sobre cada engranaje del Estado, y donde cualquier fisura en el CNE podría convertirse en la excusa perfecta para alterar el resultado de las urnas.

López no es ajena a las presiones, pero su figura se ha mantenido ajena a los desplantes y estridencias que han marcado la vida política reciente. En un país donde la institucionalidad muchas veces es tratada como moneda de cambio, su presidencia representa —al menos hasta ahora— una señal de que todavía hay espacios donde el reglamento pesa más que el capricho. Y eso, en el Honduras de hoy, es ya una declaración de principios.