La candidata presidencial de Libre, Rixi Moncada, tiene un pasado que todos debemos recordar. Ahora que se autoproclama como la defensora de los trabajadores y ataca sin reparo a bancos, empresa y cualquier entidad que genere empleo y riqueza en este país.
Pero basta con revisar su pasado para comprobar su incoherencia.
La quiebra de varias entidades financieras entre 1998 y 2003, entre ellas BRANHCRESER, obligó al Estado hondureño a intervenir con fideicomisos y recursos públicos para evitar un colapso económico. En esos años, pérdidas y reembolsos a cuentahabientes marcaron el costo político y fiscal de la crisis; investigaciones periodísticas detallaron cómo el erario tuvo que asumir compromisos millonarios para proteger depósitos.
Rescate estatal, fraude bancario y BANHCRESER son términos recurrentes en los informes que explican el contexto en el que actuó la abogada que hoy es figura pública.
¿Cuál fue el papel de Rixi Moncada en esta crisis financiera? Trabajó para BANHCRESER.
Defensa privada en tribunales
En medio de los procesos judiciales posteriores al cierre de BANHCRESER, la candidata a la Presidencia por Libre, Rixi Moncada, formó parte del equipo legal que representó a la entidad y a sus directivos ante los juzgados capitalinos, según registros periodísticos que reconstruyen las causas y denuncian que muchas terminaron sin sanción efectiva. Ese trabajo de representación ocurrió cuando miles de ahorradores reclamaban responsabilidad por los perjuicios sufridos. La presencia de abogados que protegieron intereses privados en litigios donde el Estado intervino con fondos públicos es un dato que acompaña la memoria del caso.
Puerta giratoria hacia el Ministerio Público
Tras la liquidación de la entidad, Moncada ingresó al Ministerio Público como asesora en materia financiera, un tránsito que medios han calificado como una puerta giratoria entre la defensa privada y el aparato investigador del Estado. Desde esa posición participó en pesquisas que, según reportes, culminaron en absoluciones contra varios directivos señalados en las quiebras, lo que alimentó versiones sobre posibles conflictos de interés y decisiones institucionales favorables a investigados. La combinación de representación legal previa y rol dentro del sistema fiscalizador genera dudas legítimas sobre la independencia de las pesquisas.
Rixi Moncada se presenta ahora como crítica del bipartidismo y defensora de sectores populares; sin embargo, el contraste entre ese discurso y su pasado en la defensa de actores vinculados a fraudes bancarios genera cuestionamientos sobre su coherencia. No es solo una cuestión de expedientes: es la percepción de que el tránsito profesional pudo facilitar resultados procesales favorables a quienes eran objeto de investigación en un momento en que el país asumió parte del costo financiero. coherencia política, responsabilidad y transparencia emergen como reclamos persistentes.
La participación de Rixi Moncada como abogada de los poderosos, en su retórica trasnochada, es un episidio que la candidata quiere que los hondureños olviden. La candidata, que presenta una imagen de maestra y jurista alineada con los intereses de los más desfavorecidos, no tuvo ningún problema en defender a los poderosos cuando se trató de dar un salto en su carrera.

