En los últimos años han ganado visibilidad en redes sociales movimientos que cuestionan —de formas muy distintas— la relación de las personas con su identidad humana y su vínculo con los animales.
Uno de ellos es el de los llamados therians, término que proviene del griego theríon, que significa “animal salvaje”. Quienes se identifican bajo esta etiqueta aseguran sentir una conexión profunda con un animal específico, al punto de expresar esa identidad mediante comportamientos simbólicos o performativos.
Aunque para algunos se trata de una forma de exploración identitaria, para otros el fenómeno refleja un distanciamiento crítico respecto a la condición humana, asociada en muchos discursos contemporáneos con destrucción ambiental, violencia histórica y crisis globales.
Perrijos y gatijos: otra forma de redefinir prioridades
En paralelo, también ha crecido el uso de términos como “perrijos” o “gatijos”, que describen a personas que eligen tener mascotas en lugar de hijos. A diferencia del fenómeno therian, aquí no se trata de identidad, sino de una decisión de vida.
Entre las razones que suelen mencionarse están la búsqueda de estabilidad financiera, la libertad personal, el rechazo a la presión social por la maternidad o paternidad, e incluso preocupaciones ambientales o económicas sobre el futuro del planeta.
Diversos estudios demográficos han señalado que las nuevas generaciones enfrentan mayores niveles de incertidumbre económica, crisis climática y transformaciones laborales profundas, factores que influyen en la decisión de postergar o renunciar a la crianza.
¿Renuncia o redefinición?
Algunas voces interpretan estas tendencias como una “renuncia” a la continuidad humana, mientras que otras las ven como una transformación cultural propia de una época marcada por el individualismo y la redefinición de los modelos familiares.
Especialistas en sociología advierten que este tipo de fenómenos no surgen en el vacío: responden a cambios estructurales en valores, expectativas y narrativas sobre el futuro. La disminución en la natalidad no es exclusiva de una región, sino una tendencia global presente en América Latina, Europa y Asia.
Entre el pesimismo y la reinvención
El debate de fondo parece ir más allá de mascotas o identidades simbólicas. Plantea una pregunta más profunda: ¿las nuevas generaciones desconfían del futuro humano o simplemente están construyendo nuevas formas de vivirlo?
Mientras algunos interpretan estos movimientos como señales de pérdida de fe en la humanidad, otros los entienden como expresiones de libertad individual y adaptación cultural.
Lo cierto es que estas tendencias invitan a reflexionar sobre cómo nos contamos nuestra propia historia como sociedad. Porque más allá de etiquetas o elecciones personales, el trasfondo es una conversación colectiva sobre esperanza, responsabilidad y la manera en que imaginamos el porvenir.

