Ecuador marcará un hito cultural en 2026 al participar por primera vez con pabellón propio en la La Biennale di Venezia, uno de los eventos de arte contemporáneo más importantes del planeta.
El anuncio oficial fue realizado por el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC), que presentó al equipo encargado de este histórico debut. La curaduría estará a cargo de Manuela Moscoso, reconocida por su trayectoria internacional y su enfoque crítico en prácticas contemporáneas.
Arte andino-amazónico en el centro del pabellón
Para representar al país fueron seleccionados el Colectivo Tawna y el artista Óscar Santillán, en una propuesta que entrelaza territorio, memoria, conocimiento ancestral y tecnologías emergentes.
Tawna, fundado en 2017, reúne artistas sáparas, kichwas y mestizos que trabajan desde una perspectiva anticolonial. Su nombre alude a la herramienta que impulsa la canoa, símbolo de movimiento y resistencia. Su práctica combina video, fotografía y archivo vivo para concebir la selva como un espacio de memoria y visión colectiva. El colectivo ha expuesto en escenarios como el Museo Reina Sofía y la Tate Modern.
Por su parte, Santillán ha desarrollado una trayectoria que dialoga entre ciencia, arte y saberes ancestrales. Con formación en escultura y experiencia en residencias internacionales, su obra explora los límites entre lo humano, lo tecnológico y lo natural.
Una Bienal marcada por tensiones globales
La 61ª edición de la Bienal (9 de mayo al 22 de noviembre de 2026) llevará por concepto curatorial En tonos menores, legado de la curadora Koyo Kouoh. Esta edición destaca por el mayor número de países debutantes y retornos en décadas.
Mientras Ecuador se suma por primera vez, otras naciones como El Salvador, Marruecos y Catar también estrenarán pabellón. Sin embargo, el evento no está exento de polémica, con peticiones internacionales que cuestionan la participación de algunos países en medio de tensiones geopolíticas.
Un momento histórico para el arte ecuatoriano
El debut ecuatoriano no solo representa presencia institucional, sino una apuesta por visibilizar narrativas indígenas, ecología y lenguas originarias en el escenario artístico global.
Con esta participación, Ecuador entra oficialmente al mapa permanente de la Bienal de Venecia, consolidando un paso histórico para su arte contemporáneo y su proyección internacional.

