Estados Unidos ha activado su maquinaria militar en el sur del mar Caribe, enviando fuerzas aéreas y navales para confrontar directamente a los cárteles de la droga latinoamericanos, ahora catalogados como organizaciones narco-terroristas. Al menos dos buques de guerra están en zona estratégica, acompañados de operaciones de inteligencia y vuelos de vigilancia para identificar y neutralizar rutas de narcotráfico.
Esta ofensiva marca un punto de inflexión: el Pentágono tiene vía libre para ejecutar acciones directas en territorio extranjero contra carteles como el Sinaloa, el Tren de Aragua o el Cártel de los Soles, sin necesidad de autorización previa del Congreso.
Honduras en medio de un huracán peligroso
Mientras Washington mueve ficha militar, Honduras enfrenta la tormenta perfecta: primero la recompensa por Maduro, luego el respaldo público de Xiomara Castro, después la dimisión del vicecanciller Tony García y, finalmente, la acusación explosiva de la Fiscal General de EE. UU. sobre un supuesto “narco-puente aéreo” que usaría el espacio hondureño para mover cocaína.
La gravedad de estas acusaciones, combinada con el nuevo despliegue militar estadounidense, coloca a Honduras en el centro del mapa de la guerra contra el narcotráfico. Ya no se trata solo de decomisos o capturas, sino de la percepción internacional de que el país forma parte de un engranaje criminal de alcance continental.
FNN lo dice claro: el tiempo de la diplomacia tibia se acabó. Si Honduras no actúa con una limpieza interna radical y una política de seguridad sin concesiones, otros tomarán las decisiones por nosotros. El desembarco militar en el Caribe es solo la primera señal: lo que viene no será negociado en Tegucigalpa, sino en Washington.

