El apagón de Luis Redondo: se fue la luz en el CN

El apagón de Luis Redondo: se fue la luz en el CN

Lo ocurrido hoy en el Congreso Nacional es simplemente impensable en un poder del Estado. La sesión legislativa fue suspendida por un problema en el suministro eléctrico, dejando al hemiciclo a oscuras y a los diputados sin poder trabajar.

Hay quien dice que el apagón es más bien un ardid para evitar sesionar, pues no tienen los votos los de Libre para sacar adelante sus propuestas y a la vez evitar la derrota en otras, como la de los nacionalistas: declarar grupo terrorista al Cartel de los Soles. En cualquier caso, lo anecdótico se convierte en símbolo: al apagón político que vive el Parlamento bajo la presidencia de Luis Redondo, se suma ahora un apagón literal que retrata de cuerpo entero la crisis institucional.

Que en pleno siglo XXI, en la sede del poder legislativo, no se garantice un sistema eléctrico estable ni un plan de contingencia básico, es la mejor metáfora de una gestión marcada por la improvisación, el desorden y la falta de previsión. Si el Congreso no puede ni mantener la luz encendida, ¿qué se puede esperar de su capacidad para sostener la democracia y las leyes del país?

El fracaso no es técnico, es político. Redondo ha convertido el Congreso en un espacio paralizado, donde el debate ha sido sustituido por la confrontación y el interés nacional por la obediencia ciega a Casa Presidencial. Hoy la oscuridad no solo fue física: es la oscuridad de la transparencia, de la rendición de cuentas, de la institucionalidad.

En cualquier democracia seria, un episodio así sería motivo de vergüenza y de correcciones inmediatas. En Honduras, en cambio, se normaliza. Pero no podemos acostumbrarnos. El Congreso Nacional no puede seguir funcionando —o dejando de funcionar— al ritmo de los apagones de Luis Redondo. Porque cada día que el Parlamento está en sombras, también lo está el futuro del país.