El nerviosismo de Libre: la señal de la derrota de Rixi Moncada

El nerviosismo de Libre: la señal de la derrota de Rixi Moncada

A medida que se acerca la recta final del proceso electoral, el oficialismo parece haber entrado en una carrera desesperada por recuperar terreno político. Las denuncias sobre compra de voluntades, uso partidista de los recursos públicos y distribución masiva de bonos se multiplican en todo el país, dejando una impresión clara: el partido Libre actúa como quien siente que el tiempo y la voluntad popular se le escapan.

El anuncio de más de cien mil bonos climáticos que se están entregando en las últimas semanas, junto con programas improvisados y visitas oficiales con marcado tinte electoral, refuerzan la percepción de que los fondos del Estado se están utilizando con fines proselitistas.

Detrás de esta frenética actividad se asoma una verdad incómoda: no existe ninguna encuesta seria publicada que ubique a la candidata de Libre, Rixi Moncada, en posición competitiva. Por el contrario, los estudios de opinión —aunque no todos sean públicos— coinciden en que la contienda presidencial se ha polarizado entre Salvador Nasralla y Nasry ‘Tito’ Asfura, quienes representan opciones distintas pero con verdadero peso electoral.

Libre, que llegó al poder con la promesa de transformar la política hondureña, parece repetir los viejos vicios que alguna vez criticó. La utilización del aparato estatal para favorecer intereses partidarios no solo erosiona la confianza en las instituciones, sino que también revela una peligrosa falta de fe en la democracia y en la voluntad ciudadana. Cuando un gobierno siente la necesidad de recurrir al clientelismo para mantenerse, es porque ha perdido la conexión con la gente que decía representar. El nerviosismo de Libre es la antesala de su derrota el 30 de noviembre.

El país enfrenta una coyuntura delicada. En lugar de fortalecer la transparencia y el debate de ideas, se promueven acciones que huelen a nerviosismo electoral. Los bonos, las promesas y las presiones no reemplazan el respaldo ciudadano. Las urnas suelen ser implacables con quienes confunden el poder del Estado con el poder del pueblo