El Segundo Barómetro Electoral del COHEP ofrece una radiografía que va mucho más allá de las preocupaciones coyunturales sobre corrupción, extorsión o clima de inversión: refleja con claridad cómo el empresariado hondureño percibe la nueva relación con China.
Los resultados son contundentes. Casi un 40% de los encuestados opina que los vínculos con Pekín no han traído beneficios económicos reales y, más bien, han tensado la relación histórica con Estados Unidos. Apenas un 18.7% cree que podrían abrirse oportunidades de exportación. En otras palabras: la promesa de un giro hacia el gigante asiático no convence a la mayoría del sector productivo.
Este hallazgo es revelador. Mientras el gobierno promueve la narrativa de una “alianza estratégica” con China, los empresarios —quienes cargan sobre sus hombros la generación de empleo y la atracción de inversión— perciben que no hay resultados tangibles. La duda es si Honduras está apostando por un socio que aún no se traduce en mercados abiertos ni en beneficios palpables, al costo de deteriorar la relación con su principal aliado político, comercial y migratorio: Estados Unidos.
El barómetro, además, deja al descubierto un vacío: 75.7% considera que no existen políticas claras para atender el posible regreso masivo de compatriotas tras la derogación del TPS. Aquí se entrelazan ambos temas. Washington maneja la llave migratoria, mientras Pekín ofrece promesas de inversión. Y el empresariado percibe que Honduras podría terminar mal parado en ambas orillas si no define una estrategia coherente.
El mensaje de los empresarios es inequívoco: quieren estabilidad, reglas claras e incentivos para invertir. Sin eso, ningún acuerdo con China —ni con Estados Unidos— dará frutos. El país necesita una política exterior que complemente y no confronte, que abra mercados sin cerrar puertas, y que entienda que la confianza empresarial se gana con resultados, no con discursos.
Honduras no puede darse el lujo de jugar a la geopolítica como si fuera una partida de ensayo. El costo de equivocarse sería cargar con la factura de la incertidumbre, el aislamiento y la pérdida de oportunidades reales de desarrollo.

