La Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) continúa siendo uno de los mayores lastres financieros del Estado hondureño. A pesar de los millonarios recursos asignados en los últimos tres años, las pérdidas de la estatal eléctrica alcanzaron los L 40,016 millones a junio de 2025, equivalentes a un 35.83 % de la energía que se distribuye, según la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ).
El contraste es preocupante: entre 2022 y 2025, el gobierno de Libre destinó L 25,987 millones al Programa Nacional de Reducción de Pérdidas (PNRP), contrató a más de 4,500 empleados adicionales y elevó la planilla institucional a 5,790 personas, un 57 % más que en 2022. Sin embargo, las pérdidas no solo no se redujeron, sino que continúan en niveles insostenibles.
La deuda total de la ENEE asciende ya a L 75,861 millones, un aumento del 15 % respecto a 2021, cuando inició el actual gobierno. Solo a los generadores privados se les adeudan más de L 16,000 millones, lo que refleja la incapacidad de la empresa para honrar sus compromisos básicos.
El déficit es cubierto con transferencias directas del Estado: entre 2022 y 2025, el gobierno ha inyectado L 43,511 millones para sostener la operación de la ENEE, recursos que podrían destinarse a salud, educación o infraestructura.
Cuando Xiomara Castro asumió la presidencia, las pérdidas rondaban el 33.36 %, ya de por sí las más altas de Centroamérica. Se aprobó entonces por ley un plan que prometía reducirlas en 14 puntos porcentuales en cuatro años. Tres años después, los números revelan que la meta no solo está lejos de cumplirse, sino que la situación empeoró.
Mientras Libre insiste en más contrataciones y en asignar nuevos fondos, la estatal eléctrica se convierte en un barril sin fondo que compromete la estabilidad financiera del país y aumenta la dependencia de las arcas públicas. Para los analistas, la ENEE bajo el actual gobierno es un símbolo de cómo la mala gestión y el clientelismo político terminan endeudando aún más al Estado y dejando a los hondureños con tarifas altas y un servicio deficiente.

