El comentario de Lucky Medina contra la consejera Cossette López encendió un fuerte malestar en Honduras.
El dirigente de Libre y coordinador de la campaña de Rixi Moncada escribió en X: «Díganle a las 10 familias, a los 25 grupos económicos, a Yesenia, a la cúpula mafiosa del bipartidismo, a Cossette -con todo y sus implantes de silicona-, que los vamos a derrotar».
La referencia a su apariencia física se interpretó de inmediato como violencia machista y generó una respuesta firme de colectivos feministas que ven en este tipo de ataques una estrategia que busca desacreditar a una mujer en un cargo clave.
Para muchas voces en el país, Medina cruzó una línea que no corresponde a alguien con responsabilidad pública y expuso un problema que viene creciendo en el ambiente político.
Organizaciones de mujeres señalaron que no se puede tolerar que se use el cuerpo de una funcionaria para intentar invalidar su trabajo. Aseguraron que este tipo de expresiones abren espacio a un trato desigual que afecta directamente la participación política femenina. También recordaron que Cossette López ya había advertido sobre presiones y mensajes que la ponían en riesgo, por lo que este nuevo ataque creó más preocupación en sectores que defienden la institucionalidad electoral.
La reacción no quedó solo en comunicados. Varias activistas comentaron que Honduras no debe acostumbrarse a expresiones que buscan humillar o intimidar a una mujer que cumple con su labor. Resaltaron que cuando una figura pública lanza un mensaje de ese tipo, contribuye a un ambiente donde otras agresiones pueden verse como parte del juego político. Para ellas, esto daña la confianza ciudadana y afecta la percepción del proceso electoral, justamente en un momento en el que se espera transparencia y serenidad.
El respaldo hacia la consejera creció en redes y espacios comunitarios, donde se recalcó que la defensa de la integridad de quienes administran las elecciones no tiene color político. El caso dejó al descubierto cómo la violencia política contra las mujeres sigue presente y cómo la sociedad hondureña está más dispuesta a señalarla.

