Que San Pedro Sula sea la sede del III Foro Iberoamericano de Turismo no es un dato logístico menor. Es una señal. Y Honduras haría bien en leerla con claridad.
Por primera vez en la historia reciente del país, una plataforma de diálogo de alcance continental elige suelo hondureño para construir la agenda turística que llegará hasta la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado. Más de veinte naciones, organismos multilaterales como ONU Turismo y la Secretaría General Iberoamericana, líderes empresariales y representantes gubernamentales de toda la región confluyen en un país que durante demasiado tiempo fue identificado internacionalmente por sus crisis antes que por sus oportunidades.
Una vitrina que Honduras no puede desperdiciar
El turismo es, antes que nada, una industria de percepciones. Los destinos no compiten únicamente con playas, ruinas o biodiversidad: compiten con la imagen que proyectan. Albergar un foro de esta envergadura le entrega a Honduras una oportunidad que difícilmente se compra con presupuestos de promoción: que periodistas, empresarios y funcionarios de toda Iberoamérica experimenten directamente el país, sus infraestructuras, su hospitalidad y su potencial.
El Pre-Tour organizado por el Instituto Hondureño de Turismo hacia San Lorenzo, Amapala y Cedeño apunta exactamente en esa dirección. Mostrar la zona sur a medios internacionales es un gesto inteligente: entiende que el foro no es solo el evento, sino todo lo que ocurre alrededor de él. Cada periodista que regresa a su país con una historia positiva sobre Honduras vale más que cualquier pauta publicitaria.
El diagnóstico que Honduras debe asumir como propio
Las cuatro dimensiones estratégicas que articulan la agenda del foro, gobernanza, productividad, inclusión y sostenibilidad, no son categorías académicas abstractas. Son, en buena medida, un retrato de los déficits que el turismo hondureño arrastra desde hace décadas.
La fragmentación institucional, la informalidad productiva, la débil conectividad aérea, la inseguridad jurídica para la inversión y la brecha tecnológica entre los grandes operadores y las micro y pequeñas empresas del sector son problemas identificados en las ediciones anteriores del foro celebradas en Cancún y Santa Marta. Honduras los conoce de cerca. La pregunta no es si el diagnóstico es correcto, sino si el país está dispuesto a transformarlo en política pública concreta.
El turismo como argumento de Estado
Durante años, el turismo hondureño ocupó un lugar secundario en la agenda económica nacional, tratado como un sector de nicho antes que como motor de desarrollo. Los números contradicen esa lectura: la industria genera un efecto multiplicador sobre hoteles, restaurantes, transporte, artesanía y servicios, beneficiando de manera directa a pequeñas y medianas empresas en todo el territorio. En una economía que sigue buscando diversificar sus fuentes de divisas, ignorar ese potencial es un lujo que Honduras no puede permitirse.
El foro iberoamericano llega además en un momento en que la inteligencia artificial y la transformación digital están redefiniendo la competitividad de los destinos turísticos a nivel global. Los países que logren cerrar sus brechas tecnológicas y de gobernanza en los próximos años tendrán ventajas estructurales sobre los que posterguen esa transición. Honduras está sentada en la mesa donde se discute ese futuro. Lo que haga con esa posición depende únicamente de ella.
La coherencia que se le exige al Estado
Ser sede de un foro que discute gobernanza turística impone una obligación de coherencia. No basta con recibir delegaciones y ofrecer buenos discursos si, al mismo tiempo, la infraestructura vial hacia los principales destinos sigue deteriorada, la conectividad aérea permanece limitada y el clima de inversión no termina de consolidarse. La credibilidad de Honduras como destino de referencia regional se construye con hechos, no con eventos.
El empresariado hondureño, representado activamente en este foro a través del COHEP y CANATURH, tiene ante sí la oportunidad de traducir los compromisos del encuentro en una agenda de incidencia política sostenida. Los acuerdos que lleguen a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado no pueden quedarse en documentos: deben convertirse en reformas, inversiones y decisiones de política pública que el país pueda medir y evaluar.
Honduras tiene la biodiversidad, el patrimonio cultural, la ubicación geográfica y ahora la visibilidad. Lo que resta es la voluntad institucional para estar a la altura de lo que este momento exige.

