Honduras se abraza a China y juega con fuego en su relación con Estados Unidos

Honduras se abraza a China y juega con fuego en su relación con Estados Unidos

Honduras sigue acercándose peligrosamente al régimen comunista de Pekín. Esta semana, el presidente del Congreso Nacional, Luis Redondo, firmó una carta de cooperación entre el departamento de Cortés y la provincia china de Hunan, junto a la ministra de Agricultura Laura Suazo, la gobernadora Alexa Solórzano y el embajador chino Yu Bo. En el papel, el acuerdo es para “fortalecer intercambios en agricultura, turismo y comercio”. En la práctica, es otro eslabón más en la cadena de dependencia que Libre está forjando con el Partido Comunista Chino.

No es un hecho aislado. En julio, una delegación de Libre viajó a Pekín para reunirse con los jerarcas del PCCh, con una agenda que fue mucho más allá de la economía: formación política de cuadros, coordinación internacional y respaldo mutuo en foros multilaterales. En otras palabras, afinidad ideológica pura y dura.

China no llega sola. Sus empresas están ya en la pelea por la represa El Tablón, obra estratégica para el control energético. Dos consorcios del gigante asiático —Yellow River–Eterna y China Gezhouba Group No. 3 Engineering— compiten con una firma mexicana, mientras se firman acuerdos para producir más arroz y exportar 3.000 toneladas de camarón hondureño al mercado chino.

Washington observa con lupa. Estados Unidos es nuestro principal socio comercial, destino de más de un millón de hondureños y fuente de remesas que sostienen a más de 37.000 hogares. Más de 54.000 compatriotas viven amparados bajo el TPS, que hoy pende de un hilo. Si Libre sigue apostando por el eje Pekín–Caracas, el golpe no será para la cúpula, sino para esas familias que dependen de cada dólar que llega desde el norte.

El Departamento de Estado ya advirtió: la presencia china cerca de instalaciones militares estadounidenses —como Soto Cano— no será tolerada. Libre, sin embargo, sigue ciego, vendiendo este acercamiento como “oportunidad histórica” y callando sobre las condiciones políticas que Pekín impone a quienes se ponen bajo su ala.

Honduras no puede darse el lujo de perder su principal aliado por aventuras ideológicas con un régimen que persigue a la prensa, controla las libertades y aplasta la democracia. Los lazos con China no son neutros, son un compromiso con un modelo de partido único que Libre sueña con instalar aquí. Y cuando ese sueño se convierta en realidad, ya no habrá ni elecciones libres, ni independencia, ni remesas. Solo un país alineado a intereses ajenos y desconectado de quienes de verdad lo sostienen: su propio pueblo en libertad.