En julio, la ministra de Salud lanzó una denuncia que golpeó fuerte: el saqueo de equipos y la degradación de la infraestructura en el sistema público no son rumores, son hechos comprobados. Camillas, monitores, ventiladores… equipos esenciales que desaparecieron o quedaron inservibles, dejando a hospitales y clínicas sin capacidad para atender emergencias con dignidad.
El plan de recuperación ya está en marcha. Con financiamiento internacional, se proyecta la construcción de cinco nuevos centros médicos y la modernización de seis salas de operaciones en el Hospital Escuela, el corazón de la atención pública en Tegucigalpa. La alianza con la UNOPS promete no solo reparar lo que se perdió, sino elevar el estándar de atención.
Cada quirófano modernizado, cada equipo recuperado es una victoria contra el abandono. Pero la reconstrucción no puede limitarse al concreto y al acero; debe incluir protocolos de control, transparencia en la gestión y sanciones reales contra quienes convirtieron la salud pública en botín. El país no puede darse el lujo de reconstruir para volver a perder.

