La Ceiba resurge de las cenizas y apunta a recuperar sus años dorados

La Ceiba resurge de las cenizas y apunta a recuperar sus años dorados

Todo hondureño guarda en su memoria el papel histórico que desempeñó la costa norte y, en especial, La Ceiba, en el desarrollo económico del país entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

Fueron tiempos en los que hacia Honduras fluyó migración del extranjero y del interior del país hacia la costa, atraída por la construcción de vías de comunicación, el desarrollo portuario y, sobre todo, por las oportunidades que ofrecía una región en plena expansión. Sin embargo, con el paso de las décadas ese impulso comenzó a diluirse. La región fue perdiendo dinamismo, el país competitividad y, poco a poco, Honduras se volvió menos resiliente frente a los cambios de la economía mundial.

Hoy, Próspera lidera lo que quizá sea el esfuerzo más grande del siglo en atracción de inversión privada hacia el país.

Si antes La Ceiba fue referente en exportación de materias primas y uno de los puntos neurálgicos del comercio exterior para el país en la actualidad tras más de un siglo de lecciones aprendidas existe un alineamiento sin precedentes que enciende la luz de un nuevo esplendor para la región atlántica pero ahora, con manufactura y productos de mayor valor agregado. La oportunidad que presenta el nearshoring es única, y la adecuación de las ventajas competitivas con la cercanía del mercado más grande del mundo va en consonancia con la tendencia de recolocar los centros de servicios y producción, con cadenas de valor más cercanas al mercado, no solo por razones de costos, sino también por razones geopolíticas y como estrategia de control de los flujos migratorios.

La ejecución de una idea de tal magnitud para el desarrollo de la región y del país enfrenta retos de igual o mayor complejidad. Por ello, más allá de los números y de los indicadores económicos, uno de los componentes más relevantes en esta etapa es la gente. En un país donde la población está ávida de oportunidades, Próspera emerge como un freno a problemas estructurales que Honduras ha arrastrado durante décadas y que los gobiernos no logran atacar de manera efectiva.

La oportunidad está; es el momento y el lugar exactos. La pregunta es: ¿Qué necesita Honduras y, particularmente, La Ceiba para aprovecharla? La respuesta no depende únicamente de la inversión, sino también de la capacidad del país, la ciudad y la región para comprender y aprovechar el efecto multiplicador del proyecto.

Primero, que la ciudad y la región visualicen el verdadero valor del modelo propuesto por Próspera, ya que no compite con las empresas locales; por el contrario, tiene el potencial de convertirse en un catalizador para industrias tradicionales que buscan nuevos mercados, agregar valor a sus materias primas o encontrar un aliado estratégico para expandirse hacia mercados de exportación.

Segundo, entender que cada etapa del proyecto, desde su diseño y construcción hasta su operación, desencadena externalidades positivas de gran magnitud que demandarán mano de obra, vivienda, materiales, bienes y servicios, impulsando así el crecimiento de empresas con enfoque local.

Tercero, la autosostenibilidad en materia energética y portuaria plantea una solución a dos de los principales factores que durante décadas han limitado la inversión: una infraestructura vial obsoleta y, por ende, una mayor distancia efectiva hacia los puertos, así como un sistema eléctrico sobrecargado, improvisado, poco confiable y con capacidades de resiliencia insuficientes para responder al ritmo que demanda el nearshoring y satisfacer las necesidades de las industrias disruptivas del mundo moderno y tecnologías que avanzan a un ritmo nunca antes visto por la humanidad.

Particularmente para la región litoral, ésta es la gran oportunidad de volver a despegar e impulsar consigo a todo un país.

Sin embargo, este tipo de desarrollo no se logra con soluciones parciales a problemas de un gobierno nacional que enfrenta múltiples frentes, con particular atención a ciudades de mayor tamaño, ni con pequeños impulsos aislados de gobiernos locales que buscan dinamizar una economía de consumo cada vez más dependiente del flujo de remesas. Se logra mediante proyectos catalizadores capaces de atraer inversión y articularse de manera efectiva con el contexto económico y cultural del territorio, generando confianza al demostrar que el modelo funciona, creando economías de escala y desencadenando un efecto gravitacional que atraiga nuevas inversiones en busca de establecer operaciones donde existan mayores ventajas competitivas.

A lo largo del tiempo la historia se constituye de ciclos, y para Honduras, particularmente para la región litoral, no es la excepción. Actualmente existe un alineamiento de múltiples factores con capacidad de generar momentum e introducir a La Ceiba en un nuevo ciclo de prosperidad.

Sin embargo, una oportunidad como esta posiblemente tenga un solo intento para convertirse en un desarrollo exitoso, ya que las condiciones globales y geopolíticas no esperan a que el país se prepare. Vencen rápidamente. Ya se sabe que las condiciones existen; La Ceiba reúne múltiples elementos que durante décadas parecían irrepetibles. La pregunta es: ¿Logrará Honduras y sus instituciones comprender la dimensión de esta oportunidad? Si lo logra, La Ceiba no solo podrá recuperar parte del protagonismo que alguna vez tuvo, sino también convertirse en el punto de partida de una nueva etapa de desarrollo para Honduras.