En Honduras, la salud pública se ha convertido en el peor servicio estatal. Mientras el gobierno de Libre se jacta de haber construido siete nuevos hospitales, la realidad en los centros de salud existentes es desoladora. La falta de medicamentos, la escasez de personal y las condiciones laborales deplorables han llevado a médicos y enfermeras a una huelga.
La diputada Ligia Ramos ha señalado que los nuevos hospitales presentan sobrecostos de hasta el doble del presupuesto inicial, lo que plantea serias dudas sobre la transparencia en la gestión de estos proyectos. Mientras tanto, los hospitales actuales, como el Mario Catarino Rivas, siguen operando con infraestructura obsoleta y sin los recursos necesarios para atender a la población.
El Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) también enfrenta una crisis sin precedentes. Especialistas renuncian por falta de pagos y las citas médicas se programan para el año siguiente. Esta situación refleja una profunda crisis de gestión y una falta de compromiso del gobierno hacia la salud de los hondureños.
Es hora de que el gobierno de Libre deje de utilizar la salud como una herramienta de propaganda y asuma su responsabilidad en la mejora del sistema sanitario del país. Los hondureños merecen hospitales funcionales, personal capacitado y atención médica de calidad, no promesas vacías y obras inconclusas.

