Las declaraciones de la candidata presidencial Rixi Moncada, del partido Libertad y Refundación (Libre), afirmando que “a las 12 del día nuestro triunfo debe estar sellado en cada urna”, no son una simple expresión de confianza electoral. Revelan una estrategia política peligrosa: imponer una narrativa de victoria antes de que el pueblo hondureño haya hablado en las urnas y antes de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) cumpla su deber de proclamar los resultados oficiales.
Este tipo de discurso no busca movilizar al votante, sino condicionar la percepción pública y presionar a las instituciones encargadas de garantizar la transparencia del proceso. En un país con una historia reciente marcada por la desconfianza electoral, pretender autoproclamarse ganadores a mediodía es un acto irresponsable y profundamente dañino para la estabilidad democrática.
La estrategia de Libre: la victoria como narrativa anticipada
Las palabras de Moncada traslucen la línea de acción de su partido: proyectar la idea de un triunfo inevitable, sin esperar los tiempos ni los procedimientos que establece la ley. Esta táctica —ensayada en otros contextos de la región— busca crear la impresión de fraude si los resultados oficiales no coinciden con la “victoria anunciada”.
No hay nada más antidemocrático que intentar sustituir la voluntad del votante por el relato del candidato.
El marco legal es claro
El Consejo Nacional Electoral ya confirmó en cadena nacional que las juntas receptoras de votos cerrarán a las 6:00 de la tarde en la mayoría del país, y a las 9:00 p.m. en San Pedro Sula y Tegucigalpa. Solo después de ese cierre comienza el escrutinio y transmisión oficial de resultados, tal como lo establece el Artículo 279 de la Ley Electoral de Honduras, que otorga validez jurídica únicamente a los resultados emitidos por el CNE.
Todo lo demás —cortes partidarios, proyecciones o declaraciones prematuras— carece de valor legal. Ningún candidato, partido o movimiento puede arrogarse la función de anunciar vencedores o interpretar el resultado antes de la autoridad competente.
La sociedad debe responder con responsabilidad
Ante estas declaraciones, la respuesta de la ciudadanía debe ser firme y serena: participar activamente, votar masivamente y respetar los canales oficiales de información.
Ni Libre, ni Rixi Moncada, ni ningún partido tienen derecho a “sellar” el resultado antes de tiempo.
Solo el voto cuenta. Solo el escrutinio oficial tiene legitimidad.
El país necesita ciudadanos vigilantes, no seguidores crédulos. Cada hondureño debe esperar los resultados del CNE, observar el proceso y exigir transparencia con base en hechos, no en discursos.
El peligro de la autoproclamación
Honduras ha pagado caro los episodios de tensión postelectoral. Si hoy se vuelve a sembrar la idea de que la única victoria válida es la de un partido, se abona el terreno para la confrontación. El respeto a la institucionalidad electoral no es una opción: es la única garantía de paz y democracia.
Ninguna proclamación anticipada tiene validez. Ninguna presión política puede sustituir el mandato ciudadano.
En democracia, la victoria no se impone: se gana con votos, se respeta con paciencia y se valida con ley.

