En Honduras, la independencia no es un escenario para campañas políticas. Sin embargo, Libre volvió a demostrar que su interés por el país pasa siempre por la conveniencia partidaria. La tarde del domingo, un día antes de las celebraciones oficiales, se colocaron pancartas de apoyo a su candidata en el Estadio Nacional, un intento descarado de politizar un día que debería ser de unidad y orgullo patrio. Ante el evidente error y la presión pública, dieron marcha atrás, y la presidenta Xiomara Castro pidió que los asistentes no llevaran alusiones políticas al desfile.

Pero la sorpresa vino de la mano de quien debía marcar el ejemplo. En el discurso por el 204 aniversario de independencia, la presidenta convirtió la celebración en un mitin político. Su mensaje estuvo lleno de referencias a su ideario partidista, con insistentes alusiones a la “refundación”, críticas a la oligarquía y a los poderes económicos, y un discurso ya gastado que mezcla promesas revolucionarias con ecos a Venezuela y Cuba. Para cerrar, un inesperado “¡Viva Palestina libre!” que desentonó con el espíritu patrio.

Este tipo de actos es lamentable y hasta hiriente para los hondureños que aman la independencia y los símbolos de la patria. Libre excluye a quienes no comulgan con su visión de revoluciones fracasadas en otros países y mancha un día que debería unir a todos los hondureños. La independencia no puede ser rehén de la política partidista ni del oportunismo de quienes confunden la patria con su ideología.
Honduras merece respeto en sus fiestas patrias. Libre, una vez más, mostró que su bandera no es la de la unidad, sino la del partidismo.

