Los pusieron para evitar accidentes… y la gente los usó para algo totalmente distinto

Los pusieron para evitar accidentes… y la gente los usó para algo totalmente distinto

En la Feria de Málaga instalaron alcoholímetros para que la gente comprobara si podía conducir de forma segura. La lógica era clara: antes de tomar el volante, una prueba rápida por un euro podía marcar la diferencia entre llegar bien a casa o provocar un accidente.

Pero lo que ocurrió fue otra cosa. Los asistentes no los usaron solo para prevenir, sino para competir. Hacían fila, introducían la moneda, soplaban y luego subían su “récord” a TikTok. Se volvió un reto: ¿quién llegaba más alto? Un fenómeno donde la seguridad se convirtió en espectáculo.

A primera vista parece una anécdota curiosa, casi absurda. Sin embargo, lo que revela es mucho más profundo: dos necesidades humanas que caminan juntas aunque parezcan contradecirse. La necesidad de encajar. Y la de ser diferente. Al mismo tiempo.

Ahí estaban los jóvenes, haciendo fila para ser parte del grupo, para estar dentro de la tribu. Pero cuando llegaba su turno, buscaban destacar: “yo soy el que más bebió”, “yo fui el conductor responsable con 0,0”. Es el mismo juego que vemos todos los días en redes sociales: querer estar donde están los demás, pero con más likes, más vistas, más notoriedad.

Lo del alcoholímetro no debería sorprender. Es una metáfora de cómo funcionamos. Queremos tatuajes que millones llevan, pero con un trazo personal que los haga únicos. Opinamos sobre la noticia del día, igual que el resto, pero convencidos de que nuestro punto de vista es distinto. Nadie quiere ser demasiado raro, pero tampoco demasiado normal.

La Feria de Málaga, sin proponérselo, dejó al descubierto esa tensión constante: ser uno más y al mismo tiempo ser especial. Dentro, pero fuera. Fuera, pero dentro. Una contradicción que no es moda ni capricho, sino pura biología social. Instinto de pertenecer y, a la vez, de destacar.

Al final, esas colas frente a las máquinas eran más que un juego. Eran un espejo. La prueba no era de alcoholemia, sino de humanidad. Porque todos, de una forma u otra, seguimos haciendo fila para que nos aplaudan.