Luis Redondo: el mandadero del Familión

Luis Redondo: el mandadero del Familión

Luis Redondo no llegó a la presidencia del Congreso Nacional por mérito propio ni por respaldo del pueblo, sino por un acuerdo de conveniencia entre Libre y Salvador Nasralla en 2021. Ese trato, cocinado en lo oscurito, le abrió las puertas del hemiciclo como pago por una alianza electoral que, al final, terminó traicionando. Desde entonces, el cargo más alto del Legislativo está en manos de un diputado que parece vivir de rodillas ante Casa Presidencial, cumpliendo encargos como quien reparte café en una reunión de partido.

Del pacto a la servidumbre política

Desde el primer día, Redondo entendió que la mejor forma de conservar la silla era obedecer sin chistar. Hoy, el Congreso no es el árbitro de la democracia: es la sucursal legislativa del Familión, donde todo se aprueba como carta de restaurante y nada se debate.

Prueba de su talante autoritario fue cuando se topó con la renuncia condicionada de Ana Paola Hall en el CNE. En vez de permitir un debate abierto —como manda la ley— la engavetó de inmediato, la disfrazó de denuncia y la mandó al Ministerio Público. Encima, armó una comisión de investigación con la clara intención de sentar en el banquillo a los dirigentes liberales y al mismísimo Salvador Nasralla. No es justicia: es vendetta política, con el sello de Libre.

El micrófono abierto del oficialismo

Redondo no solo opera desde el Congreso: también invierte en propaganda. Ahí está el ejemplo del espacio pagado en TV por casi una hora para hablar del TREP. Lo que debía ser una explicación técnica terminó en sermón político contra la oposición, usando dinero público para repetir el libreto del partido de gobierno.

Un Congreso mudo y obediente

Bajo su mando, el Congreso dejó de ser la voz del pueblo para volverse el eco de Casa Presidencial. Las sesiones parecen obra de teatro barata: aplausos automáticos, leyes que se aprueban sin leer, y cualquier propuesta incómoda va directo al congelador.

El costo para Honduras

Con Luis Redondo en la presidencia, el Legislativo perdió su independencia y se convirtió en herramienta para consolidar el plan de Libre: el golpe técnico, ese que busca tener bajo llave todas las instituciones del Estado. En esta jugada, el pueblo queda fuera, la democracia se encoge y la soberanía institucional se quiebra.

En política, dicen que “quien paga, manda”. Y en este caso, Libre paga… y Redondo obedece