El regreso de las mascarillas a las calles de Honduras no es un eco del pasado, sino una realidad urgente. El repunte de casos de COVID-19 y otras infecciones respiratorias ha obligado al Ministerio de Salud a reinstaurar su uso obligatorio en hospitales, escuelas, transporte público y espacios cerrados. En lo que va de 2025, el país ha registrado 654 contagios confirmados, superando las cifras del año anterior y dejando seis muertes, dos de ellas en las últimas semanas.
Esta medida no surge en el vacío: coincide con la circulación de una variante más contagiosa y con la saturación de clínicas que ya enfrentan la temporada alta de gripe y otros virus respiratorios. El llamado de las autoridades es claro: vacunarse, usar mascarilla y reforzar la higiene personal.
Pero el reto va más allá de la prevención individual. Requiere fortalecer el sistema de vigilancia epidemiológica, garantizar insumos y no repetir el error de relajar las medidas cuando la curva apenas empieza a crecer. La salud pública no es un capricho, es la línea que separa la normalidad del colapso.

