Mel y Nasralla, dos hombres y un destino común: la derrota

Mel y Nasralla, dos hombres y un destino común: la derrota

La derrota de Libre el 30 de noviembre no dejó espacio para interpretaciones creativas ni para discursos de consuelo. El golpe fue severo, profundo y, para Libre y la familia Zelaya-Castro, irrefutable. Ni la narrativa del “Rixi ya ganó”, ni las denuncias de fraude, ni el libreto desgastado de conspiraciones lograron ocultar una verdad evidente desde hace meses: Mel Zelaya sabía que su candidata perdería, y perdería de forma contundente. Las encuestas internas lo anticipaban. Y el dato más humillante para el oficialismo lo confirmó: Rixi Moncada obtuvo menos votos que los propios diputados de Libre.

Mel también sabía quién ganaría: Salvador Nasralla.

Pero entonces irrumpió Donald Trump, y con él un nuevo escenario electoral que Mel no tardó en interpretar. Desde ese momento, el destino de Nasralla quedó pegado al suyo, y el de Zelaya —junto al familión y el partido que controla— quedó amarrado a Nasralla. Dos figuras que hace años se repelen tras haber sellado dos alianzas electorales, hoy aparecen como piezas obligadas de una misma ecuación. Una alianza no declarada, pero impuesta por las circunstancias.

El problema es que esta alianza sirve a Mel, pero no sirve a Nasralla.

Nasralla reclama su victoria, pero las actas no lo acompañan. Quiere encender la discusión pública, pero no tiene el músculo partidario para movilizar calles sin caer en el mismo patrón que critica de Libre. No puede convocar a Washington, porque Trump desconfía de él y lo ve con los mismos lentes con los que observa a cualquiera que no comulgue con su estilo político, su . No puede recurrir a Libre, porque ya conoce el precio de entrar a ese fuego y salir chamuscado.

Y dentro del Partido Liberal, su situación tampoco es sólida. Lo dejó claro Roberto Contreras, presidente del PL y figura con poder real, cuando ha llamado a la calma. Nasralla no es un candidato plenamente adoptado por el liberalismo. Está solo en un tablero donde todos juegan para sí mismos.

Mientras tanto, Libre prepara su próximo capítulo de victimismo electoral. Ya hablan de un “nuevo fraude”, sumándolo al inventario de 2013 y 2017. Será agotador escucharlo repetido en mítines y conferencias. Aun así, tienen suficientes curules para negociar, sobrevivir y reacomodarse. Es un partido golpeado, pero no muerto.

Las escenas que hoy inunda redes con un Nasralla sonriente junto a Mel en años pasados, resume el drama político hondureño: dos hombres que alguna vez se enfrentaron, ahora atrapados por un destino común. No los une la visión, ni la estrategia, ni la confianza. Los une la derrota.