Mel Zelaya se aferra al poder: evita decir si aceptará una derrota

Mel Zelaya se aferra al poder: evita decir si aceptará una derrota

El coordinador general de LIBRE, y expresidente, Manuel Zelaya Rosales, reapareció en los estudios de HCH el 3 de noviembre con un discurso desafiante, cargado de advertencias y sin señales de autocrítica. Frente a la crisis política que rodea las próximas elecciones del 30 de noviembre, el expresidente se presentó como garante de la “defensa de la democracia”, aunque su tono dejó la impresión de que lo que realmente defiende es la permanencia de su grupo en el poder.

Durante la entrevista, Zelaya insistió en que los audios filtrados son auténticos y afirmó que su verificación fue realizada por una empresa colombiana, sin ofrecer el nombre ni el procedimiento utilizado. Al ser consultado sobre las dudas legales del caso, evadió el principio de presunción de inocencia y centró su argumento en el contenido de los audios. “El debate ha sido sobre cómo se adquirieron los audios y no en su contenido”, declaró, restando importancia a la legalidad de su obtención o a si fueron manipulados.

El expresdiente explicó con detalle cómo se intervienen llamadas telefónicas, señalando que las comunicaciones por WhatsApp son más difíciles de interceptar por su sistema de cifrado. Sus comentarios levantaron sospechas sobre cómo posee esa información técnica y si proviene de fuentes con acceso a herramientas de inteligencia, lo que abre interrogantes sobre el uso de medios de espionaje en la política hondureña.

En su defensa política, Zelaya volvió a colocarse en el papel de víctima histórica, al asegurar que “siempre hemos sufrido los muertos nosotros”. Con esa frase, intentó justificar su postura como parte de una lucha prolongada contra los abusos del poder, al tiempo que acusó a sus adversarios de preparar una conspiración para “robarse las elecciones”.

Durante la conversación, acusó a los implicados en los audios de cometer delito de alta traición a la República, una afirmación de gravedad extrema que lanza sin respaldo judicial ni investigación formal. Con ello, traslada el conflicto político al terreno penal, donde no hay todavía pruebas concluyentes. Su discurso se enmarca en una estrategia de polarización, donde cualquier cuestionamiento al oficialismo es presentado como una amenaza a la soberanía nacional.

Cuando se le preguntó si aceptaría los resultados electorales en caso de una derrota, Zelaya rehuyó la respuesta. Se limitó a decir que “somos demócratas” y agregó que su partido “va a ganar”, reforzando la percepción de que su promesa de defender el proceso hasta el final podría incluir desconocer un resultado adverso.

El mensaje que dejó la entrevista es inequívoco: Libre no se prepara para competir, sino para resistir. Zelaya actúa como comandante político de un partido que se moviliza bajo la lógica del enfrentamiento, no de la alternancia. Bajo el argumento de proteger la democracia, convierte la defensa del voto en una lucha por el poder.