Lo que en algún momento fue una alianza estratégica entre Salvador Nasralla y Luis Redondo, nacida de la necesidad de construir un proyecto anti‑corrupción, hoy se muestra como una coordinación táctica al servicio de Mel Zelaya.
Nasralla ha dejado claro que no aceptará resultados que no le sean favorables, denunciando supuestas irregularidades, criticando al CNE y alentando movilizaciones con su discurso. Redondo, por su parte, ejerce un rol clave en el Congreso, presionando para que los resultados electorales se oficialicen de la manera que favorezca a su agenda compartida.
La historia conjunta de estos políticos se remonta a 2011-2012, con la fundación del Partido Anticorrupción (PAC). Nasralla emergió como la figura visible del proyecto, mientras Redondo operaba como aliado estratégico y parlamentario clave. En aquel momento, ambos representaban la esperanza de una renovación política y un desafío al bipartidismo tradicional hondureño. Sin embargo, las diferencias internas no tardaron en aparecer. Redondo se alejó del PAC, mientras Nasralla mantuvo su protagonismo, consolidando su base electoral y forjando nuevas alianzas.
A lo largo de los años, la relación ha sido un vaivén de acercamientos y enfrentamientos públicos. Nasralla llegó a calificar la presidencia de Redondo en el Congreso como “ilegal”, cuestionando su legitimidad. Durante años, la comunicación entre ambos fue prácticamente nula, y las cuestiones personales y financieras también marcaron la relación, con reclamaciones públicas de deudas pendientes.
La crisis de 2024, con la renuncia de Nasralla como designado presidencial, abrió un nuevo capítulo de tensión. Redondo bloqueó la tramitación de la renuncia en el Congreso, lo que generó acusaciones de abuso de poder. Sin embargo, en 2025 ambos parecen reacomodarse políticamente, nuevamente alineados en torno a la figura de Mel Zelaya. Redondo ha adoptado un papel de presión en el Congreso, asegurando que habrá consecuencias si no se oficializan los resultados electorales de la manera esperada, mientras Nasralla mantiene un discurso que denuncia irregularidades y alienta movilizaciones ciudadanas, consolidando la estrategia compartida.
Ambos han estado envueltos en acusaciones cruzadas: Nasralla ha señalado que Redondo sigue órdenes de figuras vinculadas al narcotráfico, mientras Redondo ha insinuado irregularidades financieras en la gestión del PSH.
Hoy, más que compañeros de una causa política, Nasralla y Redondo son aliados tácticos al servicio de Mel Zelaya y de Libre.

