Los hondureños han hablado. Han cumplido con su deber cívico, han ido a las urnas, han depositado su confianza y han decidido el rumbo del país. Ahora les toca a los políticos cumplir con el suyo: que funcione la institucionalidad, que se cuenten los votos con transparencia, y que se determine quién es el ganador legítimo de estas elecciones.
Cuando se respeta la ley y se protege la institucionalidad, la democracia funciona. El Consejo Nacional Electoral (CNE) debe acabar su cometido, y es momento de defender ese proceso. La ciudadanía no pide más discursos, promesas ni confrontaciones: ya votamos, ya expresamos nuestra voluntad, y ahora queremos que los responsables respeten la decisión del pueblo.
En medio de la temporada navideña, lo que los hondureños necesitan es tranquilidad, paz y reconciliación. Queremos una Navidad sin sobresaltos, sin políticos en la televisión cada día con discursos que solo generan tensión, sin rumores ni confrontaciones. El país necesita cerrar este capítulo electoral y avanzar hacia la construcción de un nuevo gobierno, elegido de manera legítima.
Y si hay un mensaje que los ciudadanos desean enviar con claridad, es este: “Ya votamos, déjennos en paz. Que la política se maneje donde corresponde, y que nosotros podamos vivir nuestras fiestas en calma”. La fe, la familia y la esperanza en un futuro mejor merecen espacio en estas fechas; no es tiempo de confrontaciones políticas ni de agendas personales.
Honduras demostró que puede organizar elecciones sin altercados. Ahora corresponde a los políticos demostrar que saben respetar la voluntad popular, que saben proteger la institucionalidad y que saben cerrar el ciclo con responsabilidad. La ciudadanía ha hecho su parte: ya votó, y ahora quiere celebrar la Navidad en paz.

