El reciente video de la presidenciable de Libre, Rixi Moncada, hablando de religión no es un acto de fe, sino la confirmación de su desesperación política. Quien hace apenas semanas arremetía contra las iglesias acusándolas de servir a las élites desde los púlpitos, ahora pretende mostrarse como mujer de convicciones espirituales.
Esta contradicción desnuda lo que realmente está ocurriendo: ante los graves errores de su campaña y el rechazo creciente a su discurso anticlerical, Rixi intenta fabricar un falso mensaje religioso para encubrir sus fracasos.
La maniobra es evidente. Primero ataca a las iglesias, luego busca vestirse con símbolos de fe para ganar simpatía en sectores donde perdió credibilidad. Este viraje oportunista no convence a nadie: ni a los creyentes que recuerdan sus insultos, ni a sus propios seguidores, que ven cómo abandona sus banderas ideológicas para improvisar un disfraz electoral.
En política, como en la vida, la incoherencia pasa factura. Y en el caso de Moncada, su falta de respeto a la religión y su intento posterior de apropiarse de ella solo refuerzan la percepción de una candidata sin rumbo, dispuesta a manipular cualquier tema para sostenerse en campaña.
En FNN lo decimos claro: lo que hoy intenta presentar como un gesto de fe no es más que otra cortina de humo, un acto de oportunismo político de quien ya no sabe cómo ocultar el fracaso de su mensaje.

