Tegucigalpa amaneció con las paredes convertidas en el nuevo campo de batalla política. Las pintas del Partido Libre intentaron imponer la narrativa de que “Rixi ya ganó”, inundando la capital con mensajes de triunfo anticipado. Pero la respuesta no se hizo esperar: en varios puntos aparecieron contra-mensajes que sentencian “Rixi perdió”.
El pulso en los muros refleja lo que ya se percibe en el ambiente político. La campaña de Libre, lejos de sumar simpatías, está generando rechazo y antipatía. El exceso de propaganda y la imposición del discurso parecen jugar en contra de la propia Rixi Moncada.
Cuando una candidatura tiene que gritar en las paredes que ya ganó, es porque aún no ha logrado convencer a la gente. Y la reacción ciudadana es clara: el mensaje no cala, el rechazo crece y las pintas lo dicen sin rodeos.
Rixi ya perdió, aunque sus partidarios insistan en pintar lo contrario.

