Roatán merece un alcalde, no un operador político

Roatán merece un alcalde, no un operador político

El conflicto en Guanaja desnudó, esta semana, una verdad incómoda sobre la gestión de Ron McNab en Roatán: el alcalde del municipio más importante de las Islas de la Bahía dedica más energía a la política partidaria que a los problemas urgentes de su propio territorio.

El caos en Guanaja y la presencia de McNab: la pregunta que nadie hace

El pasado domingo 15 de marzo, la repetición de las elecciones municipales en Guanaja —originada tras un empate exacto de 1,404 votos entre la candidata liberal Sheray Borden y el candidato nacionalista Dion Kelly en los comicios generales del 30 de noviembre de 2025— colapsó en medio de disturbios, bloqueos y enfrentamientos que paralizaron la jornada desde las primeras horas.

El CNE, tras constatar que dos centros de votación permanecían tomados por manifestantes y que se había iniciado un incendio en el centro Cristóbal Colón, emitió un comunicado en el que declaró la situación como «gravísima de fuerza mayor» y procedió a reprogramar las elecciones a una fecha aún por determinar. 

En ese contexto de crisis institucional, Ron McNab viajó hasta Guanaja junto al alcalde de Utila, Alex Ebanks. Días antes, McNab ya había tomado posición pública desde Roatán, cuestionando los bloqueos impuestos por simpatizantes del Partido Nacional y advirtiendo de que dichas acciones podrían constituir una ilegalidad. 

La pregunta legítima no es si McNab tenía derecho a opinar. Lo tenía. La pregunta es otra: ¿qué estaba haciendo el alcalde de Roatán interviniendo activamente en la disputa electoral de un municipio ajeno mientras su propio territorio acumula déficits estructurales sin resolver?

Un municipio turístico sin estrategia turística

Roatán no es un municipio ordinario. Es el principal destino turístico de Honduras, hogar del segundo arrecife de coral más largo del mundo, y uno de los puertos de cruceros más visitados de Centroamérica. Esas condiciones no son un logro de la gestión municipal: son una ventaja geográfica que el municipio recibe gratis. Lo que la gestión sí puede hacer —y no ha hecho— es convertir esa ventaja en desarrollo económico real y sostenible para su población.

El diagnóstico es contundente: Roatán recibe miles de cruceristas cada semana, pero las zonas próximas a los puertos de desembarque carecen de atracciones turísticas urbanas, espacios culturales, oferta gastronómica organizada, áreas comerciales integradas y actividades de ocio accesibles para el visitante que acaba de bajar del barco. En la mayoría de los grandes destinos de cruceros del Caribe —Cozumel, Cartagena, San Juan de Puerto Rico— el puerto es una extensión de la experiencia turística. En Roatán, el visitante encuentra una frontera sin continuidad.

El resultado es predecible y documentado: la mayoría de los cruceristas permanecen apenas unas horas en la isla, su gasto se concentra en operadores privados, y el tejido comercial local —los pequeños negocios, los emprendedores, los artesanos— queda al margen de ese flujo de divisas. No existe una estrategia municipal visible para cambiar este patrón. No existe planificación urbana turística. No existe transporte organizado desde los puertos. No existe una política de zonificación comercial que permita al visitante integrarse al municipio más allá del perímetro de los operadores privados.

La experiencia turística en Roatán depende casi exclusivamente del sector privado, no porque el sector privado sea malo, sino porque el municipio ha cedido esa responsabilidad por omisión.

La política primero, Roatán después

El perfil de Ron McNab combina dos roles que, en la práctica, compiten por su atención: alcalde de Roatán y figura clave del Partido Liberal en Islas de la Bahía. McNab fue electo alcalde de Roatán en los comicios de noviembre de 2021, luego de haber representado a Islas de la Bahía como diputado del Congreso Nacional en el período 2018-2022. 

En los comicios de noviembre de 2025, McNab obtuvo la reelección al frente de la Corporación Municipal de Roatán. Es decir, lleva casi una década como figura política central del archipiélago, primero como diputado y ahora como alcalde en funciones.

Esa trayectoria no es un demérito en sí misma. Pero sí genera una tensión legítima cuando la actividad política visible del alcalde supera, en frecuencia e intensidad, su actividad de gobierno. Las intervenciones de McNab en el conflicto de Guanaja, que incluyeron pronunciamientos en medios locales y nacionales, posicionamientos sobre la legalidad del proceso y su presencia física en la isla durante la jornada electoral, no correspondían a ninguna función municipal asignada. Correspondían a su rol como operador político del Partido Liberal en el departamento.

El potencial no administrado es un fracaso diferido

Roatán posee condiciones únicas en el Caribe centroamericano. Tiene reconocimiento internacional, conectividad creciente y una marca turística consolidada. Nada de eso requirió gestión municipal para existir. Lo que sí requiere gestión es transformar esa masa de visitantes en empleo local, en ingresos para las mipymes insulares, en infraestructura que dignifique la experiencia del residente y del turista simultáneamente.

Esa transformación no ocurre por inercia. Ocurre cuando hay planificación urbana, cuando hay liderazgo enfocado en el territorio, cuando el alcalde tiene clara su prioridad: gobernar su municipio. Hoy, amplios sectores locales perciben que ese enfoque no ha llegado aún a Roatán con la consistencia que el momento requiere.