La crisis en la industria maquiladora hondureña volvió a encender las alarmas tras las recientes denuncias de los sindicatos del sector, quienes aseguran que más de 100.000 empleos directos están en riesgo inminente debido a la exclusión de Honduras de los acuerdos arancelarios alcanzados entre Estados Unidos, Guatemala y El Salvador. Estos convenios permiten a los países vecinos exportar con arancel cero o con reducciones sustanciales, mientras que Honduras mantiene un gravoso 10%, una diferencia que según los trabajadores está empujando a las empresas a relocalizar su producción fuera del país.
Los sindicatos sostienen que esta situación no es aislada ni incidental, sino el resultado directo del aislamiento internacional que ha generado la política exterior y económica del actual gobierno de Libre. Para las organizaciones laborales, la falta de una estrategia diplomática efectiva y la ausencia de un diálogo constructivo con Washington profundizaron la brecha competitiva de Honduras dentro de la región, justo en un momento en el que la maquila ya enfrentaba debilidades estructurales.
Según testimonios sindicales, la pérdida acumulada de empleos en los últimos años supera los 60.000, pero el impacto de quedar fuera de los acuerdos recientes eleva el riesgo total por encima de los 100.000 puestos, afectando principalmente a mujeres jefas de hogar y jóvenes que dependen de esta industria como su principal fuente de ingresos. El temor generalizado es que, sin una corrección inmediata, los cierres de plantas y traslados de inversión aumentarán en los próximos meses.
Analistas consultados por diversos medios coinciden en que la exclusión no solo afecta al sector textil, sino a toda la cadena económica que sostiene a la maquila: transporte, servicios, alimentación, logística y comercio local. Aseguran que Honduras se está convirtiendo en el único país del istmo que no compite en igualdad de condiciones para atraer o retener inversiones, una desventaja inédita en décadas.
Los sindicatos también critican que el gobierno haya minimizado el impacto de los acuerdos regionales y que no haya impulsado una agenda proactiva para renegociar condiciones con Estados Unidos. Para ellos, el aislamiento internacional no solo es político, sino económico, y está teniendo consecuencias tangibles sobre las familias hondureñas.
Exigen que el gobierno rectifique, convoque a un diálogo nacional con la industria y priorice la recuperación de la competitividad perdida, antes de que la maquila —uno de los pilares productivos del país— sufra un daño irreversible.

