El presidente refuerza su equipo con uno de los técnicos más sólidos del pensamiento libertario hondureño, justo cuando el país necesita ordenar la defensa de las ZEDE y la atracción de inversión productiva.
Honduras lleva más de cien días observando con lupa cada decisión del presidente Nasry Asfura. Algunos análisis han sido justos; otros, francamente apresurados. Pero hay decisiones que merecen ser leídas con atención, no por lo que ruidosamente anuncian, sino por la corrección discreta que introducen en el rumbo del gobierno. El nombramiento de Guillermo Peña Panting como nuevo gerente de la ENEE, anunciado este 8 de mayo, es sin duda una de ellas.
Quienes conocen el debate hondureño sobre libertad económica saben perfectamente quién es Peña Panting. Fundador en 2013 de Fundación Eléutera, el primer think tank libertario del país, vinculado a la red internacional Atlas Network, Peña ha sido durante más de una década el rostro técnico, articulado y bilingüe del movimiento que defiende reglas claras, mercados abiertos, propiedad privada protegida y un Estado que sirve antes que estorba. Su voz ha estado presente en los debates sobre energía, regulación laboral, transparencia y, muy especialmente, zonas económicas especiales.
Como Secretario Técnico de la ZEDE Orquídea, en San Marcos de Colón, Peña conoce desde adentro lo que significa hacer realidad el modelo de Zonas de Empleo y Desarrollo Económico. No habla de ZEDE desde la abstracción académica: habla desde el invernadero, desde el contrato con el productor agrícola, desde la nómina del trabajador hondureño que hoy exporta vegetales a Estados Unidos. Esa experiencia, en un país acostumbrado a discutir el modelo en términos puramente ideológicos, es un activo que el gobierno necesitaba blindar.
El trabajo invisible de los últimos meses
Lo que no se ha dicho, y debe decirse, es que durante estas semanas frente al embrollo legal que dejó la administración de Xiomara Castro. Mientras la conversación pública se enredaba en otros temas, alguien tenía que sentarse a leer expedientes, entender los procesos abiertos en el CIADI, dialogar con inversionistas serios y construir una posición coherente del Estado hondureño. Ese alguien ha sido Peña.
La evidencia ha sido visible para quien quiso verla. Esta misma semana, en la Conferencia Global del Instituto Milken en Beverly Hills, el foro al que el presidente Asfura acudió a defender las credenciales de Honduras como destino de inversión, Peña acompañó al mandatario. No en la foto principal, sino en las reuniones que de verdad importan: las que se hacen al margen del panel, donde se concretan compromisos y se ganan o se pierden inversores. Y hoy mismo, en la toma de posesión de la presidenta Laura Fernández en San José, se le ha visto otra vez al lado del presidente. Ese tipo de presencia no es casualidad: es estrategia. Y es la mejor señal de que el círculo más cercano del jefe de Estado lo escucha en el tema correcto.
Lo que está realmente en juego
Que Asfura formalice hoy el papel de Peña tiene un significado preciso. Honduras no se puede permitir seguir desperdiciando el modelo ZEDE. El país arrastra el problema más grave de Centroamérica: la falta de empleo formal y estable que obliga a miles de hondureños a tomar la ruta del norte cada mes. Frente a ese drama, las ZEDE no son un experimento ideológico ni una concesión a inversores extranjeros: son uno de los pocos instrumentos disponibles capaces de atraer capital de calidad, generar empleo digno en regiones históricamente olvidadas y proyectar al país como un destino jurídicamente confiable.
La derogación apresurada del marco ZEDE por parte del gobierno saliente le costó a Honduras demandas internacionales por cientos de millones de dólares y, lo que es peor, miles de empleos que nunca se crearon. Resolver ese expediente (cerrar litigios donde sea posible, negociar con sensatez donde sea necesario, restablecer certidumbre jurídica donde se perdió) no se puede dejar en manos de improvisados ni de bufetes contratados con criterios heredados. Requiere a alguien que conozca el modelo desde la trinchera, que hable con los inversores en su mismo idioma técnico y que comparta la convicción de que la libertad económica es la herramienta más eficaz para sacar a Honduras de la pobreza.
Esa figura, hoy, tiene nombre y apellido.
Una decisión que ordena el equipo
Hay nombramientos que se hacen para llenar un cargo y nombramientos que se hacen para resolver un problema. El de Guillermo Peña Panting pertenece, sin duda, a la segunda categoría. El presidente Asfura da hoy una señal inequívoca: en la defensa de las ZEDE, en la atracción de inversión productiva y en la narrativa de libertad económica que Honduras necesita defender hacia afuera, ha decidido apostar por un cuadro técnico de primer nivel.
Es una buena noticia para el país. Y es una mejor noticia todavía para los miles de hondureños que necesitan que las inversiones bloqueadas se desbloqueen, que los empleos prometidos se concreten y que Honduras vuelva a ser, como fue, un destino confiable para quien quiere invertir, producir y crear riqueza dentro de nuestras fronteras.

