Las Fuerzas Armadas han puesto en estado de alerta al personal a cargo del avión presidencial, ante la posibilidad de una salida inesperada de la familia de la presidenta. La medida, según publicaron medios hondureños, responde al incremento de la presión internacional sobre el gobierno y al clima de inestabilidad que rodea el proceso electoral.
Meses atrás, el Ejecutivo, un regalo de Taiwán a la administración de Juan Orlando Hernández en 2014, decidió que el avión presidencial no sería vendido, pese a haberlo prometido. En su lugar, la aeronave fue transferida formalmente al control de las Fuerzas Armadas, repintada y operada ahora por pilotos militares. En aquel momento, la decisión generó dudas; hoy, la situación adquiere un nuevo significado. Con la aeronave bajo mando militar, cualquier movimiento depende exclusivamente de la institución castrense.
A esto se suma un hecho que FNN reveló previamente: la familia presidencial solicitó pasaportes ordinarios, un trámite inusual para personas con rango oficial y que ahora despierta suspicacias sobre una posible transición acelerada o incluso una salida de emergencia.
La tensión también se ve alimentada por los recursos invertidos este año en el avión. La aeronave ha absorbido decenas de millones de lempiras en mantenimiento, combustible, capacitación y operación, lo que contrasta con las promesas de austeridad hechas al inicio del mandato. Además, permanece abierto el cuestionamiento público sobre la adquisición del avión y el manejo de sus costos.
En este contexto, el hecho de que el avión presidencial esté bajo control directo de las Fuerzas Armadas cobra relevancia. La alerta actual no es un protocolo ordinario: implica preparación para un eventual movimiento inesperado, en un momento en el que se intensifican los señalamientos externos y crece la incertidumbre interna.
La combinación de presión internacional, movimientos administrativos inusuales y control militar de la aeronave ha generado un clima de inquietud dentro y fuera del gobierno. Las próximas horas serán clave para determinar si se trata de una precaución preventiva o del preámbulo de una decisión más profunda.

