El silencio de Rixi Moncada ante la violencia contra las mujeres

El silencio de Rixi Moncada ante la violencia contra las mujeres

Rixi Moncada se presenta como una candidata mujer, pero frente a la violencia contra las hondureñas guarda un silencio alarmante. Mientras utiliza su género como bandera de campaña, no hay declaraciones, propuestas ni planes concretos sobre cómo enfrentar los femicidios o la violencia de género que sigue cobrando vidas cada semana. La utilización de su condición femenina se reduce a un discurso vacío que no se traduce en acción ni responsabilidad.

La gravedad del problema queda clara con los datos de 2025. Más de 220 mujeres asesinadas han sido reportadas por medios internacionales y activistas locales, manteniendo a Honduras entre los países más peligrosos de América Latina para ser mujer. Este contraste evidencia la falta de enfoque y compromiso real de quienes gobiernan o aspiran a hacerlo.

El gobierno de Xiomara Castro tampoco ha logrado avances significativos en este campo. Durante sus cuatro años, las cifras de femicidios y violencia contra la mujer permanecen alarmantes, con impunidad generalizada y programas de protección que no alcanzan a cambiar la realidad de las víctimas. La presidenta ha mantenido en estos años un discurso cínico, como cuando en su discurso en Montenegro recordaba las mujeres víctimas en Gaza mientras olvida a las de su propio país, donde de verdad tiene capacidad de actuación.

Las denuncias de organizaciones feministas confirman que las políticas de género siguen siendo insuficientes, y que la urgencia de prevención y justicia sigue relegada. El artículo internacional sobre la violencia contra la mujer en Honduras refleja esta crisis. Los medios destacan que los femicidios han aumentado y que las mujeres viven bajo amenaza constante. Frente a esto, Rixi Moncada mantiene un discurso hueco que aprovecha la etiqueta de mujer sin asumir ninguna responsabilidad frente al problema que más afecta a su propio género en el país.

El silencio de la candidata no es menor. La violencia estructural, la impunidad y la falta de políticas efectivas exigen respuestas claras, planes concretos de protección y sanciones que garanticen justicia. Mientras Rixi Moncada se limita a usar su condición de mujer como herramienta política, las hondureñas continúan siendo víctimas de un sistema que las desprotege. El desafío para cualquier líder es evidente: palabra y acción deben ir de la mano, o el costo seguirá siendo la vida de muchas mujeres.