Cuando la presidenta Xiomara Castro levantó una bandera de respaldo al régimen de Nicolás Maduro y rechazó las críticas como “ataques infundados”, no fue una pose diplomática: fue una señal clara del derrotero político que Libre está consolidando. Ese derrotero refleja el espejo peligroso de Venezuela, ahora acelerado en Tegucigalpa.
En su ensayo “Venezuela: ensayo sobre la descomposición”, el politólogo José Natanson —quien dirige la edición Cono Sur de Le Monde diplomatique— identifica el núcleo del peligro: un “autoritarismo caótico”, donde la voluntad arbitraria del poder choca con la fragilidad del Estado, da cabida a la corrupción y aprovecha el desorden como herramienta de control. Lo describen en otros términos: “autoritarismo híbrido, desordenado y a la vez sofisticado”, propio de regímenes donde la democracia formal subsiste como fachada hueca.
La garantía del caos como instrumento político
Ese caos calculado es exactamente lo que vemos en Honduras: irrupciones de la ATIC en el CNE durante investigaciones, presión para inhabilitar opositores como Salvador Nasralla, y ataques sostenidos a medios incómodos como El Heraldo, Contracorriente y Criterio.hn. Se ha llegado al extremo de cerrar un canal de televisión en Puerto Cortés por orden de activistas ligados a Libre. Así se construye silencio, no diálogo.
El clientelismo ya no es coyuntural: bonos, Becas Solidarias, Bono Esperanza, y la última en la lista —un cartón de huevos semanal para 80,000 familias en Tegucigalpa y San Pedro Sula— tienen propósito electoral más que social. Eso no es ayuda pública; es inversión política del más bajo nivel.
Aliados incómodos: de Caracas a Pekín, Moscú e incluso Teherán
Castro no se queda sola en esta ruta: su gobierno ha alineado a Honduras con potencias que comparten, si no el autoritarismo, sí la ruptura del sistema democrático liberal. Desde 2023, rompió relaciones con Taiwán para abrazar la República Popular China, respaldando proyectos como la represa Patuca II y acuerdos de libre comercio por cientos de millones.
No es mera diplomacia pragmática. El ámbito estratégico se amplía: Honduras ha estrechado vínculos con Moscú desde los años 90, y ahora Occidental advierte cómo China, Rusia e Irán expanden su influencia geopolítica con agendas autoritarias disfrazadas de cooperación.
Rendirse a la “autodeterminación” es entregar la patria
Decir que Honduras sigue su “autodeterminación” mientras se adhiere doctrinalmente a estos regímenes no es soberanía: es rendición por goteo. Se pierde más que una elección: se traiciona la soberanía ideológica, se renuncia a la independencia y se convierte en enésimo peón geopolítico.
Ser súbditos de Caracas, Pekín o Moscú no es coherencia internacional: es entrega. Honduras tiene que decidir si sigue siendo un país libre o si su bandera se pliega al viento autoritario de estas potencias.
Venezuela: la advertencia hecha historia
Los venezolanos vivieron esto sin despertarse. Pequeños giros autoritarios se jubilaron hasta convertirse en sistema. Hoy, siguen viviendo con dolarización de facto, represión soterrada y pobreza crónica retroalimentada por clientelismo militar. Honduras podría repetir la historia, si no reacciona con fuerza.
La memoria catracha nos exige líderes concientes, prensa firme y ciudadanos que no se dejen confundir por discursos baratos con olor a cartón electoral. No es cuestión de izquierda o derecha, ni de ser antiimperialistas: es proteger la esencia de la nación. Porque los pueblos libres no se arrodillan, se mantienen firmes.

