Honduras pierde apoyo de EUUU por su acercamiento a China

Honduras pierde apoyo de EUUU por su acercamiento a China

Honduras se encuentra en un laberinto geopolítico del que no será fácil salir. Desde marzo de 2023, el gobierno de Xiomara Castro y el Partido Libre decidió romper con Taiwán, un aliado fiel durante décadas, para abrazar a la República Popular China. La medida fue presentada como un paso estratégico hacia nuevas oportunidades de inversión y comercio, pero en la práctica significó un quiebre profundo con Estados Unidos, el socio histórico que ha sostenido por generaciones la economía, la seguridad y la estabilidad social del país.

El giro hacia Pekín no es un simple cambio. Es una apuesta de alto riesgo que compromete el futuro del país en su relación con el mundo libre.

Desde la firma del acuerdo diplomático, los convenios con China se han multiplicado: un tratado de libre comercio en negociación que promete abrir el mercado asiático al café, camarón y tabaco hondureño; la construcción de escuelas agrícolas y la instalación de miles de secadoras solares financiadas con tecnología importada; donaciones de ambulancias, hospitales y equipos médicos; y, más recientemente, la inauguración del primer Instituto Confucio en Honduras, diseñado para promover el idioma y la visión cultural china.

Todo lo anterior no tiene comparación con las repercusiones que tiene para Honduras un debilitamiento de las relaciones con EEUU en términos económicos y políticos: balanza comercial, política migratoria, remesas de nuestros compatriotas, apoyo en control y seguridad de nuestros mares frente al narcotráfico, transferencia tecnológica, solo por citar algunos aspectos.

Al mismo tiempo, el Partido Libre ha profundizado su alianza ideológica con el Partido Comunista Chino, importando modelos de control político que chocan con la tradición democrática nacional y generan inquietud en Washington.

A primera vista, los proyectos lucen atractivos, pero detrás de cada convenio se esconde un cálculo geopolítico. Pekín no regala nada. Su estrategia en Centroamérica apunta a crear dependencia económica, tecnológica y cultural, mientras gana terreno en un hemisferio que históricamente ha sido zona de influencia de los Estados Unidos. Honduras, al igual que Panamá, Costa Rica y El Salvador, se ha convertido en pieza de este tablero de ajedrez, corriendo el riesgo de quedar atrapada como un peón en los planes de una potencia que no comparte ni respeta los valores de la democracia y la libertad.

Consecuencias de una Honduras pro China

Las consecuencias de este viraje no se han hecho esperar. Más de 50 mil hondureños están en riesgo de perder el TPS en Estados Unidos, una medida que afectaría directamente a las familias que dependen de las remesas, principal fuente de divisas del país.

Funcionarios ligados al partido Libre ya podrían sufrir restricciones de visado por su cercanía con la misión china. Es el caso de la nueva vicecanciller de Asuntos Consulares, Zulmit Rivera, una de las integrantes de la misión política de Libre en Beijing este pasado julio.

En el ámbito de seguridad, Washington ha expresado preocupación por la falta de cooperación en la lucha contra el narcotráfico, mientras crecen las denuncias de que Honduras se ha convertido en un narcopuente aéreo bajo la administración de Xiomara Castro. Incluso la presencia militar estadounidense en Palmerola, pieza fundamental para la estabilidad regional, podría verse en entredicho si las tensiones diplomáticas escalan aún más.

Más allá de las luces que Pekín trata de proyectar con ambulancias, escuelas y promesas comerciales, la realidad es que Honduras está pagando un precio demasiado alto. Romper con Estados Unidos implica poner en juego no solo la relación con el principal aliado político y económico del país, sino también la estabilidad social de millones de hondureños que encuentran en el vínculo con Norteamérica su sustento, sus oportunidades y su esperanza de futuro.

La política exterior de Libre ha lanzado al país a una encrucijada peligrosa. Apostar por China es caminar a ciegas en un laberinto del que tal vez no se pueda salir sin costos graves.

Ninguna potencia ha hecho más por Honduras que Estados Unidos en materia de comercio, migración, cooperación militar y apoyo humanitario. Renunciar a esa alianza natural para abrazar el espejismo de Pekín es arriesgarlo todo: la seguridad, la soberanía y el bienestar de la nación.