Los hospitales del escándalo

Los hospitales del escándalo

La suspensión judicial de tres hospitales de la «red solidaria» no es una noticia de corrupción más. Es el retrato más completo de lo que fue el gobierno de Xiomara Castro: una administración que prometió transformación social y entregó sobrevaloración, opacidad y obras financiadas con dinero que, según el propio presidente Asfura, «no existía».

200 millones sin explicación

Un proyecto que costaba 79 millones de dólares bajo gestión española llegó a 279 millones bajo la Secretaría de Infraestructura y Transporte del gobierno anterior. Doscientos millones de dólares de diferencia sin cambios en complejidad, sin aumento de camas, sin equipamiento adicional que lo justifique. Hoy, 29,500 folios de documentación contractual están bajo escrutinio del Tribunal Superior de Cuentas, que recibió la solicitud de revisión apenas el 8 de abril de 2026, cuando los contratos llevaban años ejecutándose.

Tres hospitales, tres problemas, un origen

Salamá fue paralizado por falta de fondos para sus etapas finales y opacidad en los desembolsos previos. Ocotepeque enfrenta cuestionamientos sobre la viabilidad del terreno donde se construía, lo que sugiere que se contrató y pagó una obra sobre un suelo que posiblemente nunca debió habilitarse. Santa Bárbara acumula inconsistencias en sus procesos de contratación. Tres problemas distintos, un solo origen: la ausencia de controles institucionales durante cuatro años.

El financiamiento que nunca existió

El argumento más revelador lo dio el propio Asfura: «Son fondos nacionales que significan dejar de pagarle a proveedores, a medicinas, a planillas para ponernos a hacer estos hospitales.» Comprometer obras multimillonarias sin partida presupuestaria real no es mala gestión; es irresponsabilidad deliberada. En cualquier Estado con controles mínimos, esa alerta se activa en la fase de planificación. En Honduras llegó hasta la fase de construcción.

Lo que Honduras perdió

Ocotepeque, Santa Bárbara y Salamá son tres de las zonas con mayor déficit hospitalario del país. Prometérseles un hospital y convertir esa promesa en un expediente judicial es una crueldad institucional que va más allá del daño al erario. El perjuicio fiscal es cuantificable. El humano, no.