El presidente del Congreso Nacional, Luis Redondo, ha vuelto a mostrar una peligrosa desconexión con la realidad. Al afirmar que en la Caminata por la Paz del pasado sábado 16 de agosto participaron apenas 5.000 personas, no solo intenta minimizar un movimiento ciudadano, sino que también menosprecia la voz de un pueblo que exige seguridad, respeto y un alto a la violencia.
Reducir a números un clamor social es un error imperdonable en un líder político. Miles de hondureños caminaron con dignidad, más allá de banderas o partidos, para enviar un mensaje claro: Honduras quiere paz. Pretender descalificar esa manifestación, recurriendo a cifras que nadie cree, es una muestra de arrogancia y falta de respeto hacia la sociedad.
Luis Redondo debería entender que su papel como presidente del Congreso no es dividir ni ridiculizar, sino escuchar y representar. En vez de medir con desprecio a quienes marcharon, debería atender al fondo del mensaje: los hondureños están cansados de la inseguridad y de la falta de respuestas.
Minimizar la Caminata por la Paz no la hace menos trascendente. Lo único que logra es exhibir a un político que subestima al pueblo y que, en lugar de acercarse a la ciudadanía, se empeña en alejarse más de ella. La paz no se mide en cifras, se mide en compromiso. Y el compromiso de la gente quedó demostrado en las calles; el de Luis Redondo, tristemente, sigue ausente.

