Rusia no tiene nada que observar el próximo 30 de noviembre

Rusia no tiene nada que observar el próximo 30 de noviembre

La Cancillería hondureña ha recibido, con sospechoso formalismo, la petición de Rusia para acreditarse como observador internacional en las elecciones nacionales. Y aquí debemos decirlo claro y fuerte: Rusia no tiene nada que observar en la democracia hondureña.

Nuestro país, con todos sus retos, ha levantado su sistema electoral en base a la transparencia, la pluralidad y la vigilancia de organismos con probada experiencia en procesos democráticos. Estados Unidos, la Unión Europea, la OEA y organismos serios han acompañado elecciones pasadas para garantizar que la voluntad del pueblo hondureño se respete. En cambio, Moscú pretende vestirse de árbitro, cuando en su propia casa la democracia está enterrada bajo censura, represión y un aparato estatal que aplasta la disidencia.

La jugada rusa no es ingenua. Forma parte de la ofensiva geopolítica de Putin para meter las manos en América Latina, desplazando a Washington e intentando sembrar dudas sobre la legitimidad de nuestras instituciones. No podemos ser ingenuos: aceptar a Rusia como observador electoral sería abrirle la puerta a la injerencia de un régimen autoritario que solo busca minar la alianza histórica de Honduras con Estados Unidos.

La soberanía nacional no se defiende abrazando a quienes la violan en su propio territorio. Honduras no debe prestarse a un espectáculo diplomático que legitime a una potencia en entredicho. La democracia hondureña se fortalece con aliados serios, no con autócratas disfrazados de observadores.

En estas elecciones, el mensaje debe ser firme: observadores sí, pero nunca de quienes no conocen la palabra libertad.