Salvador Nasralla, como Pedro en el relato bíblico, insiste en negar con palabras una relación que sus propios actos dejan al descubierto. Una, dos y hasta tres veces ha intentado convencer al país de que no responde a los intereses de Manuel ‘Mel’ Zelaya, cuando en la práctica su conducta política, sus silencios calculados y sus coincidencias estratégicas revelan una alianza política tácita que no se firma, pero se ejecuta. No es una cuestión de fe ni de interpretaciones: es la distancia cada vez más corta entre el discurso de Nasralla y la agenda del zelayismo.
El 10 de diciembre, en medio del creciente cuestionamiento al proceso electoral y a los retrasos deliberados en el escrutinio especial, Salvador Nasralla negaba públicamente haberse reunido con Mel Zelaya y rechazaba cualquier vínculo con el partido Libre. Lo decía mientras, en paralelo, Iroshka Elvir, su esposa y diputada liberal, liderando a un reducido grupo de liberales que aún le respaldan, intentaba bloquear el escrutinio dentro del CNE, contribuyendo a frenar el avance normal del conteo y alineándose de facto con la estrategia del oficialismo.
No se trató de una declaración aislada ni de un malentendido. La negación de Nasralla se produjo exactamente cuando su entorno político actuaba en sentido contrario. Mientras él aseguraba no tener relación con Manuel Zelaya, el candidato liberal y su círculo más cercano operaban para sembrar dudas sobre el escrutinio, coincidiendo plenamente con los intereses de Libre. La contradicción entre el discurso público y la práctica política se volvió evidente.
Posteriormente el 16 de diciembre, Nasralla volvió a insistir en la misma línea. En declaraciones difundidas en redes y medios, afirmó textualmente: “No tengo ninguna relación con el partido Libre”, entre comentarios de periodistas sobre el estado de nerviosismo del presidenciable. Sin embargo, ese mismo mensaje fue acompañado por la defensa del discurso de Marlon Ochoa sobre el número de actas a revisar, replicando punto por punto la narrativa de Libre para justificar la dilación del proceso.
La coincidencia ya no puede atribuirse al azar. Los mensajes, los tiempos y los argumentos de Salvador Nasralla encajan con precisión en la estrategia de Libre, orientada a prolongar la incertidumbre electoral, desacreditar al CNE y provocar la repetición electoral a través del artículo 242 de la Constitución.
Salvador Nasralla puede seguir negando, como Pedro antes del canto del gallo, pero el país observa. Y como enseña la sabiduría popular, si algo parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, probablemente será un pato. De igual forma, si actúan como aliados políticos, coordinan sus mensajes y empujan la misma agenda, es porque son una alianza.

