TPS: un drama con rostro en ’30/30′

TPS: un drama con rostro en ’30/30′

En la emisión de ayer domingo de ’30/30′ de TSI, conducida por Edgardo Melgar, el drama de los 55 mil hondureños del TPS tomó voz propia. Tres compatriotas —Manuel Vélez, Cristóbal Mesa y Germán Tercero— se conectaron por videollamada desde Estados Unidos, para contar cómo la suspensión del programa los dejó a la deriva, con la vida entera pendiendo de un fallo judicial previsto hasta el 18 de noviembre en una corte de San Francisco.

Manuel Vélez, de 56 años y sobreviviente de cáncer, habló desde Houston con un temple que heló el aire: “Si me deportan a Honduras, me muero. Aquí tengo medicinas que allá no existen”. Su caso no es aislado: miles de tepesianos enfrentan enfermedades crónicas que en Honduras sería imposible tratar.

Desde Florida, Cristóbal Mesa, de 68 años, fue todavía más contundente: “¿Qué voy a hacer en Honduras a esta edad? Solo a morirme”. La frase cayó como un mazazo, un retrato de lo que significa perder, en el ocaso de la vida, la estabilidad que se construyó durante décadas de trabajo.

Germán Tercero, conectado desde Miami, puso el dedo en la llaga económica: “Honduras vive de nuestras remesas y aun así el gobierno nos dejó tirados”. Su reclamo dejó en evidencia una verdad incómoda: quienes sostienen la economía hondureña son, al mismo tiempo, los más abandonados por el Estado.

Las cifras que acompañaron la transmisión son un espejo del drama:

  • 55 mil hondureños quedaron fuera del TPS hoy 8 de septiembre.
  • 150 mil familiares comparten la misma incertidumbre.
  • Al menos 60 mil niños estadounidenses, hijos de tepesianos, podrían ver a sus padres deportados y sus familias separadas.

El propio Juan Flores, presidente de la Fundación 15 de Septiembre, explicó en la entrevista que lo único en juego ahora es una extensión temporal. “No nos van a dar un nuevo TPS, apenas una prórroga, y eso si acaso”, advirtió.

La impotencia crece con cada detalle: muchos compatriotas no tienen ni documentos hondureños vigentes porque los consulados y el Registro Nacional nunca los atendieron. Otros tienen casas hipotecadas y deudas en EE.UU., lo que convertiría su deportación en una tragedia económica para ellos y sus familias en Honduras.

Mientras tanto, desde Tegucigalpa, el director de Migración, Wilson Paz Reyes, reconocía días pasados que el gobierno no tiene plan, más allá del programa ‘Hermano, Hermana, Vuelve a Casa‘, que apenas ofrece un bono simbólico y algo de asistencia inicial para los que regresen.

La conducción de Edgardo Melgar dio el espacio para que esas voces se escucharan sin filtro, conectadas desde el norte, con el dolor de saberse olvidados en su propio país. Y Honduras quedó expuesta: un Estado que vive de las remesas, pero que no tiene respuesta para los que las envían.