Estados Unidos aseguró este martes que no existe ninguna evidencia creíble de fraude electoral en las recientes elecciones presidenciales de Honduras, donde el candidato conservador Nasry ‘Tito’ Asfura lidera el escrutinio con una ligera ventaja sobre su más cercano competidor. Un portavoz del Departamento de Estado señaló que, hasta la fecha, no hay fundamento para llamar a la anulación de los comicios y enfatizó que las elecciones fueron monitoreadas de cerca por la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE) y observadores nacionales, garantizando transparencia y confianza en los resultados.
La declaración de Estados Unidos representa un respaldo importante a la institucionalidad democrática hondureña en un momento de alta tensión política. Con la mayoría de las actas ya contabilizadas, Asfura mantiene alrededor del 40 % de los votos, mientras que Salvador Nasralla se encuentra muy cerca con aproximadamente39 %, y Rixi Moncada, del partido oficialista, sigue en tercer lugar a más de 20 puntos del segundo. Pese a las denuncias de irregularidades por parte del oficialismo, la comunidad internacional —y especialmente Estados Unidos— reconoce la legitimidad del proceso electoral y la validez de las instituciones encargadas del escrutinio.
Tras el 1 de diciembre, diversas voces políticas de Estados Unidos, como el Secretario de Estado Christopher Landau y representantes del Congreso, incluyendo a la congresista María Elvira Salazar y al legislador Matt Gaetz, respaldaron la posición oficial de Washington y reiteraron la importancia de respetar los resultados preliminares mientras se completan los recuentos especiales de actas con inconsistencias, subrayando la necesidad de actuar dentro del marco legal y constitucional.
El respaldo de Estados Unidos se suma a los esfuerzos de organismos internacionales que han insistido en que la estabilidad de Honduras depende de la aceptación de los resultados por todos los actores políticos. La postura norteamericana busca reforzar la confianza ciudadana en el proceso y garantizar que cualquier disputa se resuelva mediante los canales institucionales, evitando la polarización y la desestabilización.
En este contexto, la declaración de Washington refuerza la idea de que Honduras atraviesa un proceso electoral legítimo y transparente, y envía un mensaje claro a la sociedad hondureña: la democracia debe prevalecer, el voto de cada ciudadano cuenta y las instituciones están trabajando para que los resultados reflejen la voluntad popular de manera justa y ordenada.

