Roosevelt Hernández reúne a 1,700 oficiales en mitad de la tensión política con el CNE

Roosevelt Hernández reúne a 1,700 oficiales en mitad de la tensión política con el CNE

El jefe del Estado Mayor Conjunto, general de división Roosevelt Hernández, presidió una masiva reunión de mando con más de 1,700 oficiales de las Fuerzas Armadas de Honduras en Tegucigalpa. La cita fue presentada por los canales oficiales como un encuentro institucional, pero la magnitud del evento y su cercanía con los preparativos electorales han despertado inquietud dentro y fuera del estamento militar.

Mientras, hoy se conoció la segunda entrega de la encuesta Termómetro Electoral, que arrojaba un preocupante dato: el 61% de los hondureños no confía en las Fuerzas Armadas y su implicación en el proceso electoral.

Durante la jornada, Hernández habló sobre la “unidad de mando” y la “coordinación en tiempos de definiciones nacionales”. Aunque el comunicado no detalla el contenido completo de su discurso, varios asistentes señalaron que se abordaron asuntos vinculados a la organización de las elecciones y al papel de las Fuerzas Armadas en el resguardo del material electoral y la seguridad de los comicios. La convocatoria se realizó a puertas cerradas y con acceso restringido, lo que aumentó las especulaciones sobre el verdadero objetivo del encuentro.

En los últimos días, el propio jefe castrense ha generado polémica al declarar públicamente que “las Fuerzas Armadas son políticas y yo soy político”. Ese tipo de afirmaciones, junto con la reciente petición para acceder a actas electorales, han alimentado el temor de que la institución esté asumiendo funciones que constitucionalmente corresponden al Consejo Nacional Electoral (CNE).

El hecho de que una concentración militar de tal magnitud se dé justo cuando crece la tensión política provoca alarma entre sectores que ven en estos movimientos una señal de alineamiento del aparato militar con intereses partidarios. Varios analistas advierten que cuando el discurso de los uniformados gira en torno al poder civil y a la conducción del proceso electoral, se abre una zona gris donde la frontera entre el deber institucional y la interferencia política se vuelve difusa.

Al interior de las Fuerzas Armadas de Honduras, algunos mandos medios habrían expresado su incomodidad por la insistencia en temas políticos en reuniones de carácter operativo. Sin embargo, los oficiales mantienen reserva por temor a represalias. En paralelo, organizaciones civiles y académicas alertan sobre la posibilidad de que se esté preparando una estructura de control territorial bajo el pretexto de garantizar la seguridad electoral.

La reunión de los 1,700 oficiales deja la sensación de que el poder militar está tomando posiciones en un terreno que debería pertenecer exclusivamente a la autoridad civil. El mensaje que flota entre los asistentes y observadores es inquietante: los comicios que se avecinan podrían desarrollarse bajo la sombra de un mando armado que ya no se limita a custodiar urnas, sino que pretende influir en lo que ocurre dentro de ellas.