Cuando Chávez acusó a la Iglesia de ser uno de los tumores de la revolución

Cuando Chávez acusó a la Iglesia de ser uno de los tumores de la revolución

En enero de 2002, el entonces presidente Hugo Chávez, referente ideólogo de Rixi Moncada y Libre, lanzó una de sus críticas más duras contra la Iglesia Católica en Venezuela. Durante su programa ¡Aló, Presidente! y en otros foros públicos, calificó a la jerarquía eclesiástica como “uno de los tumores de la revolución”. Acusó a obispos como el cardenal Ignacio Velasco de no «andar por el camino de Dios» y les sugirió que rezaran para purgar su malestar moral. Esa frase, fuerte y simbólica, marcó un momento de ruptura entre el proyecto bolivariano y la Iglesia tradicional.

Desde sus orígenes, la revolución bolivariana ya mostraba un sesgo anticlerical. Chávez no solo criticaba verbalmente a los líderes católicos, sino que aspiraba a crear una iglesia paralela con sacerdotes afines a su ideología marxista, separada de la estructura tradicional. Este ataque institucional no era un hecho aislado: reflejaba una estrategia más amplia para debilitar una de las pocas instituciones con poder moral independiente en Venezuela. Obispos y analistas señalaron que su ofensiva concordaba con una militarización creciente del régimen, y su discurso público buscaba minar la autoridad de la Iglesia como contrapoder social.

Décadas después, los ecos de aquella tensión aún resuenan. Informes recientes advierten que la libertad religiosa en Venezuela está bajo presión sistemática. En su reporte de 2023, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) documentó un aumento de la discriminación contra creyentes y denunció que el gobierno ve a algunos líderes religiosos como amenazas para su poder. Por su parte, reportes de organizaciones de derechos humanos señalan que pastores y otros líderes son vigilados, amenazados y acosados por funcionarios del Estado. Algunos religiosos han sufrido intimidaciones anónimas, robo de vehículos de iglesias, hostigamiento a sus hogares e incluso campañas de difamación.

Además, los datos más actuales pintan un panorama preocupante: según índices internacionales sobre libertad religiosa, la predicación cristiana está bajo monitoreo constante, y quienes critican el régimen corren riesgo de represalias. Líderes que no apoyan públicamente al gobierno han sido calificados como traidores o incluso acusados de terrorismo.

Lo que comenzó como la retórica agresiva de Chávez en 2002 no fue una simple metáfora provocadora: fue el preludio de un patrón institucional que ha evolucionado con el tiempo. La confrontación original entre revolución e Iglesia se ha convertido en un asedio estructural, donde la libertad religiosa sigue estando en el ojo del huracán.