Orden frente al caos: así fue el desalojo en el INFOP tras la noche de violencia de Libre

Orden frente al caos: así fue el desalojo en el INFOP tras la noche de violencia de Libre

Tegucigalpa volvió a pasar anoche por una escena que ya se ha vuelto rutina en los últimos días: el caos provocado por colectivos de Libre y la intervención del Estado para restablecer el orden. El desalojo de manifestantes en las inmediaciones del INFOP se realizó con profesionalidad y una actuación mínima de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que arriesgaron su integridad para garantizar el orden constitucional ante la violencia promovida por Libertad y Refundación.

Desde el fin de semana, Libre activó a sus colectivos para pasar de la protesta política a la confrontación abierta, en connivencia con figuras como Iroshka Elvir, quien llamó a movilizaciones y unificó su discurso con el del partido de Mel Zelaya. En Tegucigalpa se registraron cierres de calles, quema de llantas, barricadas y bloqueos totales del tránsito, especialmente en el bulevar Fuerzas Armadas, afectando a miles de ciudadanos que solo intentaban llegar a sus trabajos o regresar a sus casas.

Las protestas incluyeron personas encadenándose, retiro forzado de pancartas, toma de espacios públicos y amenazas abiertas de paralizar el país si no se imponía la narrativa de Libre sobre el proceso electoral. A esto se sumaron agresiones físicas, como el ataque a un motociclista que fue golpeado por manifestantes al intentar cruzar una vía bloqueada, así como intimidaciones a ciudadanos, periodistas y personal técnico. Todo ocurrió mientras los dirigentes oficialistas insistían en calificar estas acciones como “pacíficas”.

La noche del desalojo en el INFOP marcó el punto más crítico. Los colectivos oficialistas rodearon una instalación clave donde se resguarda material electoral, poniendo en riesgo el escrutinio especial y el normal funcionamiento del proceso. La intención era evidente: forzar una confrontación, provocar una respuesta de las autoridades y luego construir un discurso de victimización, el mismo que horas después replicaron la presidenta Xiomara Castro y el director de la Policía Nacional.

Ante ese escenario, la Policía Nacional y los soldados que actuaron en apoyo a la seguridad interna intervinieron para recuperar el control. No se trató de reprimir ideas ni manifestaciones legítimas, sino de proteger instalaciones sensibles, garantizar el orden público y evitar un daño mayor. La dispersión era necesaria para cesar la intimidación constante de un partido que se niega a transferir democrática y pacíficamente el poder.